Aquí estoy.
Parado.
Parado sobre una inmensa bola de sentimientos. Y la bola gira, y yo me quedo allí, estancado.
El suelo se acerca y me aplasta sólo para desaparecer y reaparecer nuevamente al poco tiempo.
Lucho desesperadamente pero el miedo no me permite moverme. Finalmente logro abrir los ojos y noto que mis pies están siendo tomados por miles de manos que me aferran a esa gigantesca mole de carne hirviente, esa gigantesca esfera de contradicciones.
Con mis manos trato de desatarme y por primera vez me arqueo. La espalda cruje a cada centímetro, a cada milímetro que desciendo, pero la desesperación puede más.
Libero un pie. Pero mi mano derecha queda atrapada. Apoyo el pie libre para hacer palanca y no sólo no lo logro, sino que tanto el pie liberado anteriormente como la mano atrapada quedan apresadas bastante firmemente.
Con mi mano libre golpeo una y otra vez de frustración hasta que finalmente una de esas terribles pinzas humanoides la atrapa.
Comienzo a hundirme. Trata de consumirme. Forcejeo, pero ya es tarde. Lo último que veo es el suelo que vuelve a pasar por encima de mí, sin encontrarme.
No todo está perdido. Al relajarme puedo librarme de una de las presas y en un acto de desesperación voy liberándome. Golpeo lo que puedo. Pateo lo que puedo. Muerdo lo que puedo.
La bola se hace más lenta y salgo finalmente a la superficie. Me escapo de mis sentimientos, pero pronto descubro que he traído algo conmigo.
Observo mis pies y, firmemente aferrado a ellos, se encuentra alguien exactamente igual a mi. Bueno, no exactamente. Su piel es roja y sus ojos despiden fuego.
Golpea con su mano izquierda mi pierna derecha y rápidamente con su mano derecha, mi pierna izquierda. Mis huesos expuestos me dicen que eso no es bueno. Trato de arrastrarme pero el dolor no me lo permite. Siento un inmenso dolor en mis piernas, están siendo mordidas.
Me da vuelta. Me levanta y veo como toda la habitación gira, o yo giro dentro de ella. Una pared se acerca. Dolor.
Me despierto con un gran dolor en mi brazo derecho. Extraño. Extraño porque no lo tengo. La furia, mi furia, lo está masticando. Noto como su piel va tomando un color más rosado.
Trato de levantarme. Dolor. Caigo. Me siento muy débil. No puedo luchar. La bola todavía gira por la habitación, ignorante de nuestra dura batalla.
Hay una puerta cerca de mí. Levanto el brazo izquierdo. No llego. Me estiro un poco. Una gran presión se produce en mi pecho y mi demonio ejerce aún más presión con su pie descalzo. Pero no me está mirando, me da la espalda. Levanta mi pie izquierdo y con un movimiento brusco, firme y fuerte desgarra la poca carne que unía mi pie con el resto de la pierna. Mucho dolor.
Estiro un poco más el brazo y alcanzo el picaporte. Fuera está el mundo real. No importa que tan malherido resulte, afuera tengo el control. Aquí dentro no. Aquí dentro, la bola tiene el control. La bola que es la cárcel de mis furias y mis demonios. La bola que me tiene atrapado por siempre y para siempre.
Me vuelvo a arrastrar. Él está ocupado con la pierna todavía. Mi mano está saliendo. Mi brazo está saliendo. Dolor. Mi otra pierna está siendo levantada en un ángulo que normalmente no podría ser. Me tira hacia atrás. La puerta se está cerrando nuevamente. Me da vuelta. La puerta está casi cerrada. Me mira a los ojos. El picaporte empieza a ceder y él pone el peso de mi propia mano para evitar que se cierre completamente la puerta. La abre. Me toma del borde de mi pantalón y con una fuerza sobrehumana me arroja al centro de la habitación. Saca su cabeza y huele. Su instinto dice que debe investigar. Cruza la puerta llevándose la llave, pero la deja completamente abierta. Debo alcanzarla antes que se cierre o no podré ya salir.
Desesperado me comienzo a arrastrar con mi brazo.
Avanzo unos metros y comienzo a retroceder. No lo comprendo y me doy la vuelta. La esfera me ha atrapado y ahora ni siquiera puedo luchar. Miro hacia la puerta. El demonio está allí. Se ve exactamente como yo, pero sus ojos... sus ojos todavía despiden ese fuego incandescente del infierno. Toma el picaporte de la puerta y la cierra lentamente mientras mis dedos son consumidos por la esfera para toda la eternidad.
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