domingo, 26 de agosto de 2007

Un salto de fe.

En un destello antagónico a mi vida, aquí, desnudo, estoy.
Tratando de mirarme, de entenderme, envolviéndome con mis propias palabras y sentimientos. Tratando y sin llegar a entenderme. Quizás tampoco deba hacerlo.
Pero aceptar algo que no necesariamente es verdad, es algo que me resulta muy difícil de hacer. Con una metodología irrefrenable, yo, destruyo mi vida.

Observo mi pasado porque es el camino que he trazado hasta llegar hasta aquí. Mi pasado me envuelve y me abriga. Pero no me protege. Ese manto ineludible posee espinas, y más de una vez me ha hecho soñar pesadillas por los gritos ahogados que he callado.

Y aquí estoy. Varado en esta isla pequeña en el universo inmemorial. Con los ojos cerrados, con los ojos apretados, esperando que el Sueño se haga realidad.

Seré demasiado soñador. Un completo iluso. Creyendo que la esperanza y la honestidad en la gente no murió.

Mi abrigo de lata me espera ansioso. Espectador anónimo y demonio secreto de mis propios temores. El armazón, el esqueleto de mi extrema protección externa. Sigiloso, avanza a cada paso que doy, como la sombra misma de los terrores que nos acechan.

Y espero. Siempre espero. Espero por aquella luz divina que ilumine cada paso que doy, cada paso que daré, hasta el fin del camino.

Y como un espíritu fugaz, te he visto. Como un perfume que ya se ha ido, tu esencia dejas. ¿Eres acaso un ángel que me guía o el demonio que me quiere hacer caer? No importa. Ya no importa. Has estado aquí y te he visto. Por eso me detengo y cierro los ojos. Buscando a tientas con mis manos para poder tocar las tuyas, rozar las tuyas.

Buscar tu cuerpo, tu boca y tus labios. Saber que estás allí, quien quiera que seas. Sentir tu calor para abrigarme en aquella brisa solitaria que me nos rodea. Poder ser el que te cubra del rocío matutino.

Y a tientas te busco. Esperanzado. Haciendo lo que nunca antes hice y abriéndome enteramente.



Un salto de fe.