Mañana gris de lunes.
Me desperté y abrí los ojos. Desde mi perspectiva aun podía distinguir la cama desarmada.
Mi cuerpo maltrecho yacía al lado del colchón, pero el dolor cada uno de mis músculos me indicaba que había pasado gran parte de la noche sobre el frío piso de mosaicos.
Me froté los brazos mientras acomodaba la espalda contra el camastro, en un fútil intento de alivianar la sensación de entumecimiento.
Levanté los ojos tratando recordar algo de la noche anterior, concentrando mi vista sobre el ventilador de techo, pero nada vino a mi mente.
En cuanto el cuarto dejó de girar, atiné a levantarme. Me dirigí a la cocina, me preparé algo de café y me fui hasta el balcón.
El frío viento matinal tuvo mejor efecto que la cafeína para despertarme.
Reparé que en la mañana gris no había otro ser semidesnudo en ningún otro balcón. Me pregunté que hora sería, pero lo descarté casi inmediatamente. Me concentraba en la más absoluta tranquilidad del día. El silencio. Sólo el viento compartía este lunes gris conmigo.
Fui hasta mi habitación con la completa indecisión entre vestirme y volverme a acostar. Miré la hora, pero evidentemente estaba equivocada. Probablemente se había quedado sin pilas. Me senté sobre la cama.
Un aullido extraño se escuchó detrás de mi puerta. El gato de mi vecina arañaba mi puerta. Opté por ignorarlo y me volví a dormir.
Pizza de champignones
Abrí los ojos y la cama aun vacía me recordó que ella aun no había regresado. Miré el reloj, mostraba las seis de la tarde. Aun estaba nublado y no quería levantarme, pero mi estómago crujió duramente y no tuve más remedio que tratar de calmarlo.
Descalzo me acerqué a la heladera. Al tomar la puerta me dio una descarga de electricidad, los electrodomésticos viejos tienen sus mañas y hay que conocerlas, pero al estar medio dormido la descarga me depertó completamente con una descarga de adrenalina.
Me puse mis ojotas desgastadas para descubrir que no me quedaba ningún alimento sin vencer. Miré con cariño el pan mohoso, pero lo descarté casi inmediatamente luego de encontrar algunos habitantes en él.
El gato volvía a arañar la puerta.
Un dejo de compasión me invadió, quizás fuera que el hambre nos unía a ambos con un vínculo más allá de lo inexplicable. Tomé un plato y lo llené con la poca leche líquida que quedaba. Abrí la puerta y me quedé helado. El plato cayó al suelo al mismo tiempo que mi mandíbula.
Mi novia estaba allí. Había ido a comprar unas pre-pizzas, por allí veía también queso cortado, algunas aceitunas que, rodando, se habían desplazado unos metros de sus pies. Sus pies que estaban del otro lado del pasillo y unos hombres los devoraban con paciencia.
Sólo el frasco champignones estaba aun en su mano derecha. Y lo asía con fuerza.
Cuando volví la mirada al suelo, mis ojos se posaron nuevamente en ella. Y ella desde el suelo me miraba. Con ojos muertos, la mirada clavada en mí. Su mano derecha había dejado de rascar la puerta para ahora tratar de aferrarse a mi pantalón.
Y yo paralizado. Sin poder avanzar, sin poder retroceder. Sin poder esa noche degustar una pizza de champignones.
Icaro
Cuando pude reaccionar, retrocedí y caí. Con mis pies golpeé la puerta fuertemente y a duras penas pude cerrarla. Retrocedí a la cocina y tomé una sartén. La miré fijamente mientras en la puerta se escuchaban golpes desenfrenados. Cuando recapacité, la solté y buscaba el gran cuchillo de cocina cuando la puerta cedió.
Cerré la puerta de la cocina mientras los muertos vivientes avanzaban. Y recordé que el cuchillo estaba en el comedor. Instintivamente golpee mi cabeza con la puerta para recordarme que nunca lo dejo en su lugar, y ese pequeño ruido dirigió a mis atacantes hacia mi.
Miré para todos lados. No tenía escapatoria. Consideré esconderme en la heladera, pero no tenía tiempo suficiente para vaciarla y meterme.
Entonces lo vi. El ventiluz.
Como pude fui pasando mi cuerpo por entre los vidrios y me aferré fuertemente de uno de los hierros que servían de sostén. La puerta terminó de romperse.
Los zombies, si eso eran (aunque no parecían otra cosa), avanzaron y llegaron a la ventana. Sólo uno se percató de mi presencia, sabrá Dios cómo. Y trataba de mordisquearme los dedos.
Aguanté todo lo que pude. Me aparté de la pared saltando, esperando colgarme de la ventana del edificio del otro lado de la calle, pero sólo logré romperme las costillas contra uno de los balcones para luego caer finalmente contra el pavimento.
Apocalipsis
Ya no hay nada, estoy moribundo y los perros con sus ojos extraviados están masticando mis entrañas. Pero no siento dolor.
Algunos muertos se acercan y mastican mis piernas, peleándose entre sí por llevarse la tajada más grande. Casi puedo entenderlos, pero por momentos tengo hambre.
Ya no entiendo mucho. Recién pasó un auto a gran velocidad y le pasó por encima a mi mano derecha. Se reventó pero no me dolió tampoco. Incluso algo todavía puedo moverla.
El olor, que penetrante olor. Me abre el apetito de una manera tan... inhumanamente posible...
Los zombies se están yendo con una de mis piernas. Escucho un lloriqueo. El resto de la calle está vacía, en silencio. Los muertos se han ido como escuchando una voz que aun no puedo oir, pero presiento.
Sin embargo, ese llanto es de un niño y necesita protección. Trato de arrastrarme hasta detrás del basural.
Quiero decir mil cosas, calmar a la niña. Pero sólo logro escupir sangre. El hambre es atroz. Extiendo mi mano, quiero decir una sola palabra "Ayuda" pero en vez de eso mi última palabra es "Cerebro" y avanzo ya si conciencia de mí mismo...
jueves, 15 de octubre de 2009
miércoles, 12 de agosto de 2009
Para no sentirme solo
Sólo para no sentirme solo,
abrazo la soledad que me rodea.
Me abrigo con ella en esta noche triste
que me amarga y me apena.
Dulce es el canto
que la envuelve en las horas oscuras
mas no es el canto y sí el llanto
lo que me envuelve en esta locura.
Que más puedo darte,
no lo sé ni lo sabré jamás.
Un desgarro del destino
fue lo que me hizo amarte más.
martes, 11 de agosto de 2009
Canción sin música
Recuerdo...
Te vi entre las nubes mientras soñaba despierto.
Volabas de alegría, flotabas feliz.
Alcé mi mano para tocarte pero ya no estabas allí.
Te perdí, fue un instante y no te vi.
Cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar, ni soñar despierto.
Sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Recuerdo...
El viento me trajo tu risa y ciego la seguí.
Me envolvió tu dulzura y también la seguí.
Tu perfume se confundió con la primavera y yo
la seguí una y otra vez alrededor del mundo.
Creí seguir tu sombra, pero eran nubes sin color.
Y cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar,
sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Siempre alegre, siempre feliz.
Mi corazón palpitaba de alegría,
cada vez que por el rabillo del ojo te veía
del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Y un día paraste de reir, pero no de sonreir...
Y un día dejaste de bailar, pero no de moverte...
Y un día dejaste de correr y me miraste...
Y ese día cruzaste para hacerme volar junto a tí.
Y cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar,
sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Y un día dejaste los duendes, dejaste las hadas.
Y un día me trajiste tus ojos para iluminarme con tu luz...
Te vi entre las nubes mientras soñaba despierto.
Volabas de alegría, flotabas feliz.
Alcé mi mano para tocarte pero ya no estabas allí.
Te perdí, fue un instante y no te vi.
Cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar, ni soñar despierto.
Sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Recuerdo...
El viento me trajo tu risa y ciego la seguí.
Me envolvió tu dulzura y también la seguí.
Tu perfume se confundió con la primavera y yo
la seguí una y otra vez alrededor del mundo.
Creí seguir tu sombra, pero eran nubes sin color.
Y cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar,
sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Siempre alegre, siempre feliz.
Mi corazón palpitaba de alegría,
cada vez que por el rabillo del ojo te veía
del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Y un día paraste de reir, pero no de sonreir...
Y un día dejaste de bailar, pero no de moverte...
Y un día dejaste de correr y me miraste...
Y ese día cruzaste para hacerme volar junto a tí.
Y cuando finalmente te encontré,
seguías bailando con duendes y hadas.
Yo ya no podía flotar,
sólo te miraba del otro lado del arco iris.
Del otro lado del arco iris te esperaré...
del otro lado del arco iris te esperaré...
Y un día dejaste los duendes, dejaste las hadas.
Y un día me trajiste tus ojos para iluminarme con tu luz...
El clon
Busco mi imagen en el espejo tratando de encontrarme pero la silueta que me es devuelta carece de los golpes del destino. Es una fría imagen de porcelana que por dentro esta hueca.
Es mi clon.
El clon que mando a la vida cuando no quiero estar en ella. Un ente sin corazón ni remordimientos, sin aspiraciones ni desprecios. Es la imagen vacía de un cuerpo sin alma.
Y mi clon me mira, buscando respuestas que no tengo. Me aúlla con su silencio, me grita con su dolor invisible. Me pide piedad por cosas que no he hecho.
Y lo veo de nuevo y me sigue mirando. Posa su palma sobre la mía. Y trata de repetir mis movimientos, sin entender porque lloro ante su intento de humanidad. El también llora pero es sólo un reflejo, duplicando algo que no sabe lo que es.
Y cuando lo mando fuera, toma la mano de mi amada sin entender qué debe sentir. Y besa su mejilla sin entender el aroma de su piel, ni prestarle atención a la suavidad de sus manos. Y lo odio. Lo odio con toda mi alma por lograr lo que yo no entiendo.
Y con mis golpes contra su superficie, en aquel rincón abandonado donde mi clon ya no me visita, el vidrio se suelta del oxidado clavo y se descuelga de la pared. El espejo golpea contra el suelo y mis esperanzas por volver se reparten en mil pequeños trozos.
Y mi clon se va con ella. Para siempre. Sin poder él, jamás, hacerla realmente feliz.
Es mi clon.
El clon que mando a la vida cuando no quiero estar en ella. Un ente sin corazón ni remordimientos, sin aspiraciones ni desprecios. Es la imagen vacía de un cuerpo sin alma.
Y mi clon me mira, buscando respuestas que no tengo. Me aúlla con su silencio, me grita con su dolor invisible. Me pide piedad por cosas que no he hecho.
Y lo veo de nuevo y me sigue mirando. Posa su palma sobre la mía. Y trata de repetir mis movimientos, sin entender porque lloro ante su intento de humanidad. El también llora pero es sólo un reflejo, duplicando algo que no sabe lo que es.
Y cuando lo mando fuera, toma la mano de mi amada sin entender qué debe sentir. Y besa su mejilla sin entender el aroma de su piel, ni prestarle atención a la suavidad de sus manos. Y lo odio. Lo odio con toda mi alma por lograr lo que yo no entiendo.
Y con mis golpes contra su superficie, en aquel rincón abandonado donde mi clon ya no me visita, el vidrio se suelta del oxidado clavo y se descuelga de la pared. El espejo golpea contra el suelo y mis esperanzas por volver se reparten en mil pequeños trozos.
Y mi clon se va con ella. Para siempre. Sin poder él, jamás, hacerla realmente feliz.
Ave de fuego
Extraño lo profundo que podía mirar, el eterno fuego de la pasión que mi llanto apenas podía apagar, cómo el atardecer podía hacerme nadar en la auto compasión y entonces un recuerdo lo hacía realmente dulce.
Ya no soy así. Cambié.
Perdí el infierno que me alimentaba las venas y lo sustituí por el océano de grises en el cual ahora me ahogo. Algo perdí en el camino. Quizás algo lo haya engullido y me haya dejado huérfano de vida.
Pasé de ser un reflejo a una sombra.
Quizás yo lo devorado extrayendo su más puro jugo y deshechando la esencia de la alegría. Pasos vacíos que no llevan a ningún lado.
Y la oscuridad me envuelve y me cobija como una madre a su hijo.
Las lágrimas vuelven a rodar y me pregunto que he hecho mal. ¿En qué momento perdí la conciencia de mi ser y me volví una voluta de humo? Busco en mí, revoloteo a mi alrededor y me consumo en un instante quemando el inciencio que me genera.
Voy tomando forma, sin saber quien soy.
Y una nueva oportunidad se alza entre las ruinas de mi propio ser. De las cenizas y el dolor, de la luz pálida y la oscuridad total se abren nuevas puertas. Un nuevo destello y otra parte de mi se consume para subsistir.
Una masa inerte yace en el suelo, esperándome.
Lo comprendo, debo consumir lo que yo era. Aprender de mis errores. Renacer.
Y mientras tomo posesión de mi nuevo cuerpo, sin arrastrar mis viejas cargas, una sombra tapa momentáneamente la luna. La nueva vida me espera, creciente, absoluta, virgen de mí mismo. Aunque sé que soy yo mismo.
Un grito de un ave gigante se escucha sobre mí, en el cielo estrellado.
Miro atrás. No soy lo que era. Crecí. Aprendí. La nueva vida trae luz y día. Miro al cielo y observo la gigante ave que ahora vuela bajo nubes blancas y ella me observa.
Y el fénix extiende sus alas y se aleja de mi vida una vez más.
Ya no soy así. Cambié.
Perdí el infierno que me alimentaba las venas y lo sustituí por el océano de grises en el cual ahora me ahogo. Algo perdí en el camino. Quizás algo lo haya engullido y me haya dejado huérfano de vida.
Pasé de ser un reflejo a una sombra.
Quizás yo lo devorado extrayendo su más puro jugo y deshechando la esencia de la alegría. Pasos vacíos que no llevan a ningún lado.
Y la oscuridad me envuelve y me cobija como una madre a su hijo.
Las lágrimas vuelven a rodar y me pregunto que he hecho mal. ¿En qué momento perdí la conciencia de mi ser y me volví una voluta de humo? Busco en mí, revoloteo a mi alrededor y me consumo en un instante quemando el inciencio que me genera.
Voy tomando forma, sin saber quien soy.
Y una nueva oportunidad se alza entre las ruinas de mi propio ser. De las cenizas y el dolor, de la luz pálida y la oscuridad total se abren nuevas puertas. Un nuevo destello y otra parte de mi se consume para subsistir.
Una masa inerte yace en el suelo, esperándome.
Lo comprendo, debo consumir lo que yo era. Aprender de mis errores. Renacer.
Y mientras tomo posesión de mi nuevo cuerpo, sin arrastrar mis viejas cargas, una sombra tapa momentáneamente la luna. La nueva vida me espera, creciente, absoluta, virgen de mí mismo. Aunque sé que soy yo mismo.
Un grito de un ave gigante se escucha sobre mí, en el cielo estrellado.
Miro atrás. No soy lo que era. Crecí. Aprendí. La nueva vida trae luz y día. Miro al cielo y observo la gigante ave que ahora vuela bajo nubes blancas y ella me observa.
Y el fénix extiende sus alas y se aleja de mi vida una vez más.
Sustituciones
En estos días tristes
de corazones abandonados,
cada lágrima es un mar;
cada ojo, un supiro;
cada recuerdo, un amor;
cada sonrisa, una esperanza;
cada mirada, un rayo de sol.
Eché un rayo de sol y te vi.
El alma se me llenó esperanzas.
Y cada mar que conseguí,
fue un amor que perdí
porque tus suspiros miraban los míos.
de corazones abandonados,
cada lágrima es un mar;
cada ojo, un supiro;
cada recuerdo, un amor;
cada sonrisa, una esperanza;
cada mirada, un rayo de sol.
Eché un rayo de sol y te vi.
El alma se me llenó esperanzas.
Y cada mar que conseguí,
fue un amor que perdí
porque tus suspiros miraban los míos.
Mañana primaveral
Voy girando tratando de parar el mundo.
El miedo de lo viejo acomete contra mi alma una vez más.
El sueño de lo inalcanzable se vuelve una pesadilla.
Voy rodando hacia la oscuridad del abismo.
Levanto la vista del suelo y veo que camino sobre mis propios pasos.
El eterno camino que nunca he de dejar jamás.
Voy cayendo irrefrenablemente, arrastrado por mi propia sombra.
No hay caminos que vea: mis ojos están cerrados por el temor de volverla a ver.
Y ante su presencia, el infierno se ofrece cual mañana primaveral.
Ahogo mi instinto de correr en un intento de mantener la cordura.
Y termina, el momento termina.
Y mis pies vuelven a tocar tierra; y mis manos dejan de aferrarse a un mentiroso anhelo.
El mundo gira y va reforzando mi locura insensata de besarla sin mis propios labios.
Pasó como un fugaz suspiro, un instante desconsolado o un regalo efímero de mis noches tristes.
Y se ha ido; la dejé ir. Como tantas veces antes, como las lágrimas que le regalé en mi ayer.
Me mira una vez más en su partida, tratando de robarme a cada paso los últimos latidos que en mi corazón quedan.
Y cuando se ha ido, cuando ya sus pasos no se oyen en la vacía ciudad, todo vuelve a la normalidad.
Y deslizándose entre mis embotados pensamientos, mi voz por propia voluntad susurra al mundo, a viva voz, que la amo.
El miedo de lo viejo acomete contra mi alma una vez más.
El sueño de lo inalcanzable se vuelve una pesadilla.
Voy rodando hacia la oscuridad del abismo.
Levanto la vista del suelo y veo que camino sobre mis propios pasos.
El eterno camino que nunca he de dejar jamás.
Voy cayendo irrefrenablemente, arrastrado por mi propia sombra.
No hay caminos que vea: mis ojos están cerrados por el temor de volverla a ver.
Y ante su presencia, el infierno se ofrece cual mañana primaveral.
Ahogo mi instinto de correr en un intento de mantener la cordura.
Y termina, el momento termina.
Y mis pies vuelven a tocar tierra; y mis manos dejan de aferrarse a un mentiroso anhelo.
El mundo gira y va reforzando mi locura insensata de besarla sin mis propios labios.
Pasó como un fugaz suspiro, un instante desconsolado o un regalo efímero de mis noches tristes.
Y se ha ido; la dejé ir. Como tantas veces antes, como las lágrimas que le regalé en mi ayer.
Me mira una vez más en su partida, tratando de robarme a cada paso los últimos latidos que en mi corazón quedan.
Y cuando se ha ido, cuando ya sus pasos no se oyen en la vacía ciudad, todo vuelve a la normalidad.
Y deslizándose entre mis embotados pensamientos, mi voz por propia voluntad susurra al mundo, a viva voz, que la amo.
Cortinas
y es mi mente la que
vaga entre los recuerdos.
pierdo el gris. pierdo la luz.
vago entre mis ilusiones,
las que me hacen feliz,
sólo para romper a
llorar cuando despierto.
es en esos momentos cuando
sólo quiero regresar allí,
donde pierdo la realidad entre
las cortinas y tus besos imaginarios...
vaga entre los recuerdos.
pierdo el gris. pierdo la luz.
vago entre mis ilusiones,
las que me hacen feliz,
sólo para romper a
llorar cuando despierto.
es en esos momentos cuando
sólo quiero regresar allí,
donde pierdo la realidad entre
las cortinas y tus besos imaginarios...
La noche
El sol le teme a la noche, como yo temo a tu profunda alma:
Una, despierta la parte más oscura de mi ser,
los dolores más profundos y, sin piedad,
va engulléndome lentamente por toda la eternidad.
La otra, por lo menos, a veces me muestra sus estrellas.
Una, despierta la parte más oscura de mi ser,
los dolores más profundos y, sin piedad,
va engulléndome lentamente por toda la eternidad.
La otra, por lo menos, a veces me muestra sus estrellas.
Nacido
tengo ganas de llorar...
me he dado cuenta que he nacido...
tengo ganas de morir...
me he dado cuenta que he nacido...
He nacido cuando te he visto
y estoy en agonía eterna
desde que te has ido...
me he dado cuenta que he nacido...
tengo ganas de morir...
me he dado cuenta que he nacido...
He nacido cuando te he visto
y estoy en agonía eterna
desde que te has ido...
Oscar Wilde
En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados, ni los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles. Eso es todo.
- Oscar Wilde
- Oscar Wilde
Tony Soprano
Hay días que odio a mi hijo. Llego a casa tras un día de duro trabajo y le encuentro delante del ordenador en calzoncillos, conectado a algún jodido chat con otros pajilleros sin nada que hacer en todo el día y riéndose como una nena con sus bromitas. Me dan ganas de coger su cabeza y estrellarla contra la puta pantalla. Está claro que he debido hacer algo mal con él…
– Tony Soprano
(Los Soprano, 1999)
– Tony Soprano
(Los Soprano, 1999)
nubes negras
la tormenta se acerca
el viento sopla
ya no hay nada a mi alrededor
solo el sonido de la nada
que sale de mi
de dentro de mi
y va vaciándolo todo
esparciéndose silencioso como
asesino de esperanzas
es el vacío que me consume
y no lo quiero más
quiero correr y escaparme
pero lo llevo a cuestas a cada paso que doy
es mi sombra, mi carne, mis huellas
el viento sopla
ya no hay nada a mi alrededor
solo el sonido de la nada
que sale de mi
de dentro de mi
y va vaciándolo todo
esparciéndose silencioso como
asesino de esperanzas
es el vacío que me consume
y no lo quiero más
quiero correr y escaparme
pero lo llevo a cuestas a cada paso que doy
es mi sombra, mi carne, mis huellas
Inspiración
La inspiración, una vez más, se esfuma cual humo de cigarro... dejando volutas fugaces de recuerdos cortos...
Y ni siquiera el sueño de tenerte entre mis brazos me da la fuerza para intentar atraparla.
Te has llevado mis letras, mi dulce amor... y no me has dejado nada. Vacío, he quedado vacío.
Vacío por un amor que sólo en mi mente se desata y me castiga.
Y la pluma cansada con la que escribo, se nutre del llanto mismo que de mí se derrama al abrazar las vacías sábanas que dejaste al despertarme.
Y ni siquiera el sueño de tenerte entre mis brazos me da la fuerza para intentar atraparla.
Te has llevado mis letras, mi dulce amor... y no me has dejado nada. Vacío, he quedado vacío.
Vacío por un amor que sólo en mi mente se desata y me castiga.
Y la pluma cansada con la que escribo, se nutre del llanto mismo que de mí se derrama al abrazar las vacías sábanas que dejaste al despertarme.
Etiquetas:
Escritos,
Inspiración,
Justo hoy tenía que ser?
Esta es una nota.
Dónde quedarás guardada? Olvidada en algún viejo arcón digital?
Te llevará el olvido acaso, toneladas de polvillo para añejarte?
Quizás sean los desvaríos de un escritor mediocre,
o la locura de tonto apasionado...
Te llevará el olvido acaso, toneladas de polvillo para añejarte?
Quizás sean los desvaríos de un escritor mediocre,
o la locura de tonto apasionado...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)