jueves, 19 de julio de 2007

Manos

Estoy perdido.

Las vueltas del destino me marean. No sé donde estoy parado.

El tiempo me humilla, se ríe de mí.

Mio a mi alrededor y no sé que hacer, ni donde estoy.

El tiempo fluye en mis venas, las veo correr en mis brazos, por mis venas. Las sigo. Se pierden en mis manos. Mis ajadas manos. Mis ajadas manos que una vez tuvieron la suavidad de una caricia de un niño, sólo recordadas por un recuerdo difuso.

Ahora las veo. Mis manos. Las veo, y no las reconozco. Manos cansadas. Manos agobiadas de tantos problemas.

Las veo y me asombro que aún siguieran ahí, pegadas a mí. Después de tanto. Después de tan poco. O

Quizás un destino distinto les hubiera esperado, en brazos de otros.

El al alcohol vula a mi alrededor y suspiro. La barrera de la realidad se vuelve tan difusa como tantas otras veces. Tantas como malos recuerdos tengo, y, sin embargo, mi mano lleva el vaso cargado de licor una y otra vez a mi boca.

El sonido me abruma. Sonidos estridentes golpean mi cabeza y no me dejan poensar. Y allí donde debía disfrutar, sufrí.

Sufrí porque mi soledad me abruma, mi futuro me abruma, mi comañía me abruma. Y llegara el día donde no tenga que soportarlo más. De una u otra forma. Ya sea que me levante contra mí en contra de mi voluntad, ya sea que desee olvidarlo por elementos externos.

Pero mientras tanto, ellas me odian. Me maltratan y me cuidan. Y ya no sé que creer. Me incitan a pelear, me incitan a hacer la paz. Pero no se ponen de acuerdo y me pierdo... me pierdo en el medio de un frenesí de voluntades, donde la mía no juega, no pesa, sólo se deja llevar por la brisa del viento del destino.

Y mis manos... mis manos... son las que toman las decisiones o son llevadas por la voluntad del alma, que sin penas ni glorias trata de llevarme adelante tras mis profundos y largos retrocesos.

Y allí las veo: mis manos. Manos viejas. Manos viejas. Un espejo de mi alma que no me atrevo a mirar. Decisiones viejas, manos viejas, alma joven.

Mis manos...

Un espacio sin sol, un espacio sin sombras

Aquí estoy.
Parado.
Parado sobre una inmensa bola de sentimientos. Y la bola gira, y yo me quedo allí, estancado.
El suelo se acerca y me aplasta sólo para desaparecer y reaparecer nuevamente al poco tiempo.
Lucho desesperadamente pero el miedo no me permite moverme. Finalmente logro abrir los ojos y noto que mis pies están siendo tomados por miles de manos que me aferran a esa gigantesca mole de carne hirviente, esa gigantesca esfera de contradicciones.
Con mis manos trato de desatarme y por primera vez me arqueo. La espalda cruje a cada centímetro, a cada milímetro que desciendo, pero la desesperación puede más.
Libero un pie. Pero mi mano derecha queda atrapada. Apoyo el pie libre para hacer palanca y no sólo no lo logro, sino que tanto el pie liberado anteriormente como la mano atrapada quedan apresadas bastante firmemente.
Con mi mano libre golpeo una y otra vez de frustración hasta que finalmente una de esas terribles pinzas humanoides la atrapa.

Comienzo a hundirme. Trata de consumirme. Forcejeo, pero ya es tarde. Lo último que veo es el suelo que vuelve a pasar por encima de mí, sin encontrarme.

No todo está perdido. Al relajarme puedo librarme de una de las presas y en un acto de desesperación voy liberándome. Golpeo lo que puedo. Pateo lo que puedo. Muerdo lo que puedo.

La bola se hace más lenta y salgo finalmente a la superficie. Me escapo de mis sentimientos, pero pronto descubro que he traído algo conmigo.

Observo mis pies y, firmemente aferrado a ellos, se encuentra alguien exactamente igual a mi. Bueno, no exactamente. Su piel es roja y sus ojos despiden fuego.

Golpea con su mano izquierda mi pierna derecha y rápidamente con su mano derecha, mi pierna izquierda. Mis huesos expuestos me dicen que eso no es bueno. Trato de arrastrarme pero el dolor no me lo permite. Siento un inmenso dolor en mis piernas, están siendo mordidas.

Me da vuelta. Me levanta y veo como toda la habitación gira, o yo giro dentro de ella. Una pared se acerca. Dolor.

Me despierto con un gran dolor en mi brazo derecho. Extraño. Extraño porque no lo tengo. La furia, mi furia, lo está masticando. Noto como su piel va tomando un color más rosado.

Trato de levantarme. Dolor. Caigo. Me siento muy débil. No puedo luchar. La bola todavía gira por la habitación, ignorante de nuestra dura batalla.

Hay una puerta cerca de mí. Levanto el brazo izquierdo. No llego. Me estiro un poco. Una gran presión se produce en mi pecho y mi demonio ejerce aún más presión con su pie descalzo. Pero no me está mirando, me da la espalda. Levanta mi pie izquierdo y con un movimiento brusco, firme y fuerte desgarra la poca carne que unía mi pie con el resto de la pierna. Mucho dolor.

Estiro un poco más el brazo y alcanzo el picaporte. Fuera está el mundo real. No importa que tan malherido resulte, afuera tengo el control. Aquí dentro no. Aquí dentro, la bola tiene el control. La bola que es la cárcel de mis furias y mis demonios. La bola que me tiene atrapado por siempre y para siempre.

Me vuelvo a arrastrar. Él está ocupado con la pierna todavía. Mi mano está saliendo. Mi brazo está saliendo. Dolor. Mi otra pierna está siendo levantada en un ángulo que normalmente no podría ser. Me tira hacia atrás. La puerta se está cerrando nuevamente. Me da vuelta. La puerta está casi cerrada. Me mira a los ojos. El picaporte empieza a ceder y él pone el peso de mi propia mano para evitar que se cierre completamente la puerta. La abre. Me toma del borde de mi pantalón y con una fuerza sobrehumana me arroja al centro de la habitación. Saca su cabeza y huele. Su instinto dice que debe investigar. Cruza la puerta llevándose la llave, pero la deja completamente abierta. Debo alcanzarla antes que se cierre o no podré ya salir.

Desesperado me comienzo a arrastrar con mi brazo.

Avanzo unos metros y comienzo a retroceder. No lo comprendo y me doy la vuelta. La esfera me ha atrapado y ahora ni siquiera puedo luchar. Miro hacia la puerta. El demonio está allí. Se ve exactamente como yo, pero sus ojos... sus ojos todavía despiden ese fuego incandescente del infierno. Toma el picaporte de la puerta y la cierra lentamente mientras mis dedos son consumidos por la esfera para toda la eternidad.

Multiplicity

Tomo el gastado rifle.

Examino la mesa. Busco entre las cervezas y las botellas vacías, las municiones. Encuentro sólo una bala de alto calibre y un cargador a la mitad, con las puntas huecas, para mi querida pistola.

Coloco la pistola en la espalda y el frío contacto me estremece suavemente. Procedo a cubrirla con mi buzo y luego con la pesada campera de jean. Desarmo el rifle lentamente y lo guardo en el desgastado maletín cuidadosamente.

Camino despreocupadamente, o eso aparento, y me dirijo al blanco.

Ahí estoy. Parado en mitad de la vía pública. Deslumbrado por todo. Idiota. ¡Todavía cree en tantas cosas! El mundo es un mundo frío que te va royendo sin piedad, lenta y parsimoniosamente. Te carcome desde dentro. Te va pudriendo paso a paso, segundo a segundo, con cada respiración.

Mis otros yo me ignoran, pero son manejables. Paso por al lado, testeando el viento.

Me mira. Respondo la mirada con una dulce sonrisa. El idiota me responde agitándo la mano.

Estúpido! Paso a su lado, y freno la tentación de tomar el cuchillo y cortarle la garganta. No es algo agradable, pero ¡alguien debería hacerlo! Pero seré yo quien tome su lugar, y nadie más.

Sigue parado en la misma posición con esa sonrisa estúpida. El viento es propicio. Subo al departamento. Coloco el maletín sobre la mesa. De uno de los bolsiillos tomo los binoculares y me observo. Definitivamente es el indicado. Por su lado, mi yo temeroso trata de esconderse de mí mismo. Un mundo de yos. Otro que debería ser sacrificado.

Con las lentes más grandes hacia abajo, deposito los binoculares sobre la mesa. Abro el maletín, confiado que no cambiaré mi posición. Armo el rifle acariciándolo como a una vieja amante. Siento el olor a metal bañado cuidadosamente con una finísimma capa de aceite alemán para evitar la corrosión.

Tomo el proyectil y cargo el arma. Corro la ventana que da al balcón. Me recuesto sobre el suelo. Mido el aire nuevamente. Observo por la mira.

No me he movido.

Apunto cuidadosamente. Y ya sin miedo, presiono el gatillo. Pero por un instante, un breve momento, mi yo sacrificado se atravesó en el camino y sólo me volé mi pierna derecha.

Bajo rápidamente, sacando mi pistola de su escondite.

Corro.

Me paro al lado de mi yo sacrificado. El cráneo y los sesos están esparcidos por todo el pavimento y hasta, en algunos lados, el negativo de las salpicaduras dibujan a algunos de mis yo.

Mi inocencia se arrastra pero no huyendo, sino hacia mí.

Sin dudarlo, apunto a la cabeza. Ojo derecho, gatillo. Ojo izquierdo, gatillo. Pecho, vacío el resto del cargador. Ya no hay testigos en la calle, soy libre.

¡Soy libre!

¡Tengo el control!

Tengo el control...

Dentro de mí

Hay un niño recostado.
En una habitación gigante.
En una habitación cerrada.
Donde se escuchan sonidos.
Y el niño tiembla.
Los sonidos son voces.
Voces de la gente.
Y las voces se hacen agudas.
Y tratan de llegar al niño.
Y la habitación se hace pequeña.
Y sólo puedo abrazarme más fuerte las piernas.

Son voces acusantes.
Voces golpeadoras.
Un símbolo del pasado.
Un pasado humillante.
Y aquí estoy.
Y aquí estoy.
Esperando el golpe final.

Y el infierno juega conmigo.

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Hay un niño recostado abrazando sus piernas.
En una habitación gigante y redonda.
En una habitación cerrada y sin puerta.
Donde se escuchan grandes y atemorizantes sonidos.
Y el niño tiembla de miedo.
Los sonidos son voces que regañan.
Voces de la gente querida y de uno mismo.
Y las voces se hacen agudas como agujas.
Y tratan de llegar al niño para hacerle daño.
Y la habitación se hace pequeña, cuando se llena de temor.
Y sólo puedo abrazarme más fuerte las piernas y cerrar los ojos para no sentir el dolor.

Son voces acusantes que llegan al alma.
Voces golpeadoras que desgarran la piel.
Un símbolo del pasado que vuelve y no queda atrás.
Un pasado humillante que clama justicia, y sólo quiere sangre.
Y aquí estoy, desnudo.
Y aquí estoy, desahuciado.
Esperando el golpe final, que no ha de llegar.

Y el infierno juega conmigo, y tiene todas las cartas marcadas...

Oportunidad

(Se paró. Silenciosamente sacó el metal.)

Las fuerzas que oprimían su pecho eran enormes pero aun así optó por hacerlo. (Dio dos pasos)

El agua golpeaba fuerte el acantilado, deformando las rocas en un paso lento pero constante. Algunas aves residían allí, evidentemente pequeños peces gustaban de los escondrijos entre las grietas, o quizás del coral subyacente en las poco profundas aguas. (El aire era fuerte cuando recorría todo su cuerpo en la caída. Su mano se relajó lo suficiente para dejar de caer el objeto, pero sus reflejos no lo permitieron.)

Y él ahora, de repente parado allí, observó el océano. O mar. Esa cantidad inmensa de agua que se extendía desde muy por debajo de su cuerpo hasta donde alcanzaba su vista. (Subió su vista un momento, sólo para ver reflejado el sol en el agua. Luego miró su mano y vio su reflejo en pulido metal.)

Elevó al dios del destino una súplica que hizo llorar a mil deidades. (Debería haberse arrodillado. Aun así oró las mismas oraciones que hacía ya demasiado tiempo había dejado olvidadas en algún rincón de su mente.)

Y lo impensable, sucedió. (Trató de comprender y con su vista recorrió todo lo que podía ver, pero nada descubrió.)

Primero sonó un gran estallido. Luego la tierra misma dejó escapar un suspiro. El terreno se abrió a su lado y una gran mano apareció por allí. (Si hubiera podido, hubiera retrocedido.)

Una enorme espalda salía de lo que parecía una tumba olvidada. (Al terminar de caer, se golpeó la cabeza y se desvaneció.)

Al despertar, estaba junto a un fuego. Un fuego que él no había preparado. Un fuego que él no había encendido. (Acercó las manos al fuego.)

Estaba en un refugio. Una pared se erguía a su espalda y dos extraños pilares a sus costados, como dos gigantescas raíces hechos de roca sólida. Mas no podía quejarse. El viento fresco era ajeno a ese lugar y la vista a las estrellas era insuperable. (Se recostó dispuesto a dormir, sin embargo un extraño sentimiento no se lo permitía.)

Una mirada estaba clavada en él. Estaba seguro de ello. (Caminó alrededor de esa extraña estructura y descubrió que sin haberse apartado, de lo que él pensó iba a ser su última morada, las monolíticas piedras habían aparecido de la nada. Entonces recordó los temblores... y las gigantescas manos. Se desmayó al reconocer...)

- Pequeño hombre, - dijo una voz de todos lados y ninguno - he venido. Soy aquél que estuvo y está. Soy aquél a quien has pedido ayuda. (Algunas pequeñísimas piedras que golpeaban su rostro no le permitían comprender lo que estaba sucediendo.)

- Soy el que no puede ser evitado. Soy el principio y el fin de todo. Y he venido. He venido por tí. He venido porque tu dolor no me permite conciliar el sueño. He venido porque eres mi hijo. (Retrocedió aterrado. ¡El refugio estaba hablando!)

- No temas. - dijo el gigante mientras comenzó a pararse. - Soy tu amo, tu señor y tu padre. Soy el cordero y tu la oveja. Soy la voluntad y tu el resultado. Así, pues, reconoce a tu creador. Y en una maniobra fuerte, brusca y sin embargo gentil, extendió el brazo y la mano invitándolo a sentarse. (Aun temeroso, tomó asiento. Su voz estaba seca y sus ojos bien abiertos.)

Habiéndose sentado, el gigante se arrodilló ante él y extendió sus grandes brazos manteniéndolos bien abiertos durante un gran tiempo. La roca que se asemejaba a la cabeza, parecía esbozar una sonrisa. (Levantó su rostro y finalmente, dentro de esa mole gigantesca, encontró ojos con los cuales cruzar mirada. Mas un escalosfrío le recorrió la espalda al ver que el gigante realizaba una sonrisa aun más amplia y giraba la cabeza con el fin de hacerle observar los brazos de piedra.)

En los brazos de piedra se gestaban también figuras móviles que se agitaban violentas por momentos, muy apacibles por otros. En el brazo derecho se encontraba la serpiente. Símbolo de desgracia y sigilo; símbolo de paciencia y dolor. En el brazo izquierdo se formaba una rosa, la más hermosa que él había visto hasta ese entonces, que se alimentaba de un palpitante corazón. Este era el símbolo de la paz y del ímpetu; de la impaciencia y del amor. (Observaba todo con sumo detalle, preguntándose cuanto había bebido esa noche.)

- Estás perdido. Todos los están. Una nube de incertidumbres que cubre la visión a los pocos pasos. Eres más que eso pero no lo sabes. Estás ciego a tu propia existencia. Eres un fantasma que vaga libremente por el bosque de argamasa y adobe de la ciudad. Debes aprender. Porque una vez que hagas lo has venido a hacer, no habrá vuelta atrás. Y así, he de darte la primera elección: si temes que tu casa quede en cenizas, no le prendas fuego. (Perdido y pellizcándose, no prestó atención a esas confusas palabras.)

- Mis hijos desean lo que no pueden tener. Han nacido así para tener ambición y que tengan la fuerza para que su espíritu pueda crecer. Pero tu has perdido el camino. Ya no entiendes mis enseñanzas. ¿Acaso no te di el valor acercarte? Mas tú elegiste no golpear en su puerta. Tus dedos ni siquiera rozaron el llamador. Tus brazos ni siquiera tuvieron el valor de moverse. Sólo te quedaste allí. Y nuevamente te bendije. Querías encontrarla y la puse allí. En tu camino al darte la vuelta. Mirándote. Tus ojos hablaban sobre el fuego de tu corazón. Tus labios sobre el tibio calor de tu alma. Lo sé. Estaba allí. (Un sentimiento de pánico se apoderó de él.)

- Te enseñé el camino para encontrarla. La perdiste y nuevamente actué. ¿Es que no vas a darme el reconocimiento de mis intenciones? Te permití encontrar ese relicario que tanto aprecias, te permití conservar esas pequeñas fotos que tanto atesoras, ¿y me pagas sin prestarme atención? Sin embargo lo hecho, hecho está. No puedo cambiar el pasado por un resultado que no me ha gustado. El pastor no cambia el recorrido porque una oveja no le gusta el color de la hierba que pisa. (Ligeramente se ruborizó. Realmente era El. Finalmente, allí flotando, pudo encontrarlo.)

- Dime que hubieras elegido, ahora que puedes, ahora que ya es demasiado tarde, cual hubiese sido tu elección. Una vez más pongo frente a tí a tu amada. - Y con su aliento formó a una dulce, delgada y pequeña mujer. - Dime, ¿te arrepientes de tu decisión? (Agitó nerviosamente su cabeza, en un asentimiento muy particular.)

- Elige entonces ahora. Esta era tu vida. - De su mano derecha se observó una imagen: un hombrecillo, que era él, esquivando todo tipo de enfrentamientos, le hizo recordar lo cobarde que él fue. - Esta es la vida que te ofrecí. - de su mano izquierda surgió otra imagen: él junto a una mujer, su rostro estaba desdibujado, y varios niños corrían por una pequeña pero acogedora casa a las afueras de su poblado natal. (Trató de contener el llanto, mas una pequeña lágrima hizo caso omiso de su voluntad.)

- Haz elegido esto. - Ambas palmas chocaron deshaciendo la bella figura de la mujer y las frágiles volutas de humo de disiparon rápidamente. - Eres mi hijo. Y debo enseñarte el valor de la vida. Y debo enseñarte que cada tropiezo es un escalón hacia la sabiduría. Por eso te pregunto una vez más: ¿te arrepientes de tu decisión? (Con lentitud y mucho nerviosismo asintió. Deseaba que no fuera un sueño. Deseaba no haberse arrojado del acantilado.)

- Así sea, sin embargo recuerda que no debes dudar. Te he quitado ese derecho. Debes cambiar y aprender o aquello que te he dado volverá a mi. (Nuevamente asintió.)

La roca era dura y cortante. El frío del agua le había entumecido todos los huesos. Un fuego incandecente le quemaba la frente y se llevó la mano hacia allí sólo para descubrir un fuerte dolor. (Agradeció al Justo esa nueva oportunidad y comenzó a nadar hacia la orilla.)

Una pequeña playa se extendía desde la pared del acantilado hasta una vieja escalera labrada en la misma piedra. Descansó allí. Miró al cielo y se preguntó que le deparaba la voluntad de su señor. Una gigantesca ave lo miraba desde la punta de una roca sobresaliente por sobre su cabeza, varios metros por encima de él. (Se imaginaba una vida llena de incertidumbres; de éxitos y de fracasos; de alegrías y tristezas. Se preguntó si estaría a la altura. Y por un breve instante, pensó que no estaría a la altura. Después de todo, eligió suicidarse.)

El grito del ave al tomar vuelo lo distrajo de sus pensamientos. Revigorizado por el fresco aire de mar y deseoso de ver el vuelo del gigantesco pájaro, aspiró el fresco momento y levantó la mirada esperanzado. Pero su rostro se contrajo en una mueca cuando observó como el peñasco en la cual estaba apoyada el ave ya estaba a escasos centímetros de su frente.

Un muy viejo recuerdo.

Estoy navegando y mis dedos rozan la realidad. Veo, me veo, siendo el despiadado hombre que ahuyenta de sí mismo a los demás. Simplemente el miedo que se extiende desde mis pies, mis piernas... desde mi corazón mismo. Miedo a ser rechazado, otra vez, miedo a no ser aceptado, a perder mi humanidad misma. Y debo protegerme. Protegerme de todo para mantenerme intacto. Debo alejar a los demás.

El tiempo, en la vida real, avanza con pasos sinuosos pero firmes. Y dolido y acongojado, si valiese tal descripción, permito que dedos naveguen por la superficie, nuevamente, de este mar de ensoñaciones.

Húmedo y ágil, el más pequeño de mis dedos me trae una nueva visión. Un miedo inherente, anciano y poderoso vuelve a levantarse... Mas no debo ya temer, porque sabiéndome partícipe de ese conocimiento he decidido una vez levantarme para esta vez luchar.

El escenario cambia.

El enemigo es fuerte y la seca arena corta mis pies. Mis sandalias resbalan con la mezcla de sangre y sudor de esta dura batalla. El gigante eleva su poderoso brazo y descarga con fuerza en la amarilla superficie. Su objetivo no soy yo, como había anticipado erroneamente, sino desestabilizarme ya que el suelo comienza a temblar. Debo encontrar fuerza en algún lado. Miro mis manos, vacías. Mi torso desnuedo y el pánico que yace en mis pies como grilletes no me permite moverme.

Y finalmente comprendo.

Siento una fuerza poderosa llenandome. Como un haz de luz proveniente de algún lugar místico. Se que es la decisión incorrecta, pero estoy convencido que es una solución temporal.

Me armo mentalmente con una armadura de seguridad. Una armadura impenetrable. Una armadura hecha de inseguridades y de sentimientos en bruto. Una armadura que me deja adentro, y a los demás, afuera.

Y el gigante ya no importa. Su brazo imponente ya no importa. Porque yo estoy dentro y el afuera.

Pero la cosa más sorprendente sucede. Encuentro la solución a la humanidad, la respuesta a todas las plegarias.el sentido de la vida misma que camina libremente en este coliseo mental proveniente de lo más profundo de mi ser.

Y descubro que la armadura pesa más ahora. Y descubro que sus piezas están ahora fundidas en mi piel. Y aún así, arranco algunas piezas. Con mucho dolor, la piel se desgarra y se que es necesario.

Y ella lo sabe y se hunde más en mí. Penetra profundo y llega a mi corazón.

Y le enseña a ser despiadado.

Y veo el sueño que tiempo atrás tuve.

Temo y tiemblo. Mis fuerzas flaquean. Me ha ganado. Una pequeña parte de mis temores me ha vencido. Y no debo permitir que la gente salga lastimada, así que la ahuyento. Pero no deseo estar más solo tampoco.

Un dilema interesante, sino fuera que lo hubiera estado viviendo.

Trazo un límite, un círculo a mi alrededor. Hasta allí llegaran los invitados a mi alma. Cruzado ese punto, serán ahuyentados. Demasiado problemático sería que sus ojos curiosos abriesen la puerta de mi verdadero ser.

El corazón de un cobarde.

El corazón de un cobarde.


Así soy: el corazón de un cobarde.

Introspección

Perdido.
Estoy perdido.
Me pierdo en mis pensamientos.
Pensamientos dispersos, aparentemente inconexos.
Aparentemente, porque existe una relación.

Una relación inexistente porque no deseo ver.


Navego entre mis pensamientos, en un bote que hace agua. Trato de achicar para mantenerme a flote, pero sólo tengo mis dos desnudas manos y nada más.

En esos momentos, despierto.

Despierto por el vuelo de algún insecto, de la bocina de algún vehículo, del deseo de no poder llegar a destino...

Navego por mis recuerdos, mis esperanzas, mis añoranzas.

Navego por navegar, por recorrer caminos perdidos, por entender el camino que se extiende a mis pies, en la vida real.

La vida real. Real lo es por mi percepción del mundo. ¿Pero acaso mis recuerdos no son reales también? Revivo a cada instante mis pesadillas, sonrío con mis antiguas alegrías, disfruto de los antiguos tesoros que aguardan escondidos a ser nuevamente desenpolvados y revividos.

Veo atrás y camino por la vida. Pero corro riesgo de tropezarme con las dudas del presente. Minúsculos obstáculos que uno debe sortear día a día.

15 minutos tarde.

15 minutos tarde para aspirar el suspiro del corazón.
15 minutos tarde para mimarte en el momento justo.
15 minutos tarde para añorar el pasado.
15 minutos tarde para robarte tu sonrisa una vez más.
15 minutos tarde para tener tu mano en la mía.
15 minutos tarde para elaborar una cena romántica.
15 minutos tarde para esconderme de mis temores.
15 minutos tarde para salir contigo.
15 minutos tarde para cazar ilusiones.
15 minutos tarde para ocultar mis sentimientos.
15 minutos tarde para no ser alguien más en tu vida.
15 minutos tarde para otra oportunidad.
15 minutos tarde para cargar en la conciencia la culpa de cansarte.
15 minutos tarde para encontrar la excusa perfecta.
15 minutos tarde para robar para regalarte un amanecer.
15 minutos tarde para tratar tomar con las manos tu sombra.
15 minutos tarde para un verdadero amor.
15 minutos tarde para alcanzar el cielo de tu mano.
15 minutos tarde para mirar otra vez a tus inmensos profundos dos.
15 minutos tarde para amarte.

Frases

Es desabrida la victoria de quien no ha arriesgado nada por obtenerla.

Amargo también es perder algo por lo que has luchado mucho.

El ser humano necesita sentir. Sentir que ha dado algo por la victoria. El no dar nada, nos da inseguridad.

Es sentir en parte esa especie de balanza kármika que rige el universo.

Realidad

La brisa me envolvió, elevó mis cabellos en un remolino.

La inspiración me insinuaba cada a paso y pronto me encontré a tu puerta. Posé mis dedos sobre ella, recorrí cada marca, cada lugar donde se habían posado los tuyos.

Muy poco faltó para llamarte, para oir tu voz.

En mi mente, temeroso, me alejé. Invocar los demonios del pasado no es sabia decisión. Pero ellos, sintiéndose llamados por mi dolor, me persiguieron calle abajo. Los traté de perder: huí por los callejones de los problemas mundanos, me escondí en los problemas familiares, trepé montañas de asuntos pendientes... fue en vano.

Mi corazón se hizo un nudo. Recordé tu sonrisa. Ese fue el primer golpe. Demonios si los hay, ese es bastante duro de roer. Y sabe golpear muy bajo.

Así q aparte la mano izquierda de la puerta y la mano derecha del timbre.

Doy un paso atrás, y huyo acobardado.

Vacío

Estoy vacío.

No hay nada aquí. No hay nadie aquí en la nada. Sólo yo.

Un blanco puro. Una luz apagada. Un destello de algo, sin nada. Y en el medio yo.

Parado o sentado, porque no estoy aquí. Con los ojos abiertos o cerrados, porque no estoy aquí. Ni en ningún lado.

Estoy en el vacío, y lo lleno. Pero sigue vacío. Sigo vacío.

Trato de llenarlo con recuerdos, imágenes, sonidos. Pero con cada recuerdo, con cada imagen, con cada sonido, todo se desvanece y no los vuelvo a ver nunca jamás.

Y me guardo los mejores recuerdos, que en el vacío los voy olvidando.
Y me guardo las mejoras imágenes, que en el vacío las voy perdiendo.
Y me guardo los mejores sonidos, que en el vacío se van callando.

Y me miro, pero no me miro. Y me veo pero no me veo vacío.

Estoy lleno de nada.

Dentro de mí ya no hay nada.

Lo que tuve lo perdí.
Lo que atesoré lo regalé.
A esa nada intempestuosa que me arrolló esa noche.

Se vació mi alma.
Se quedó una cáscara.

Vuelo y vuelo. Sin moverme. Buscando lo que me falta. Pero no sé que me falta. Lo que me falta es algo que supe una vez y ya me lo olvidé. Y ando vacío.

Ando vacío.

El aire que no es aire flota a mi alrededor o dentro mío. No sé si es mi alma, un dolor o un escalosfrío. Pero no puedo preguntar.

No puedo preguntar.

Y me doy cuenta que no es vacío el vacío. El vacío está lleno y no vacío. Es dolor.

Es dolor del alma perdida.
Es dolor del alma mía.
Es dolor del corazón partido.
Es dolor del corazón que ya se ha ido.
Y que nos ha dejado atrás.

Es dolor.
Es dolor de haberte tenido.
Es amor no retenido.
Es dolor de estar vacío.

Es dolor.
El vacío es dolor.

Y veo mis manos. Ahora tengo manos.
Y veo mi sangre. Ahora tengo sangre.
Veo mis piernas, mis pies.
Pero no veo mi corazón.

Y mis recuerdos no vuelven. Los busco y no los encuentro.
Y mis imágenes no vuelven. Las busco y no las encuentro.
Y mis sonidos no vuelven. Los busco y no los encuentro.

Y el vacío me abriga.
Y el vacío me protege.

Y el vacío no me deja recordar, para no sufrir.
Y el vacío no me deja ver, para no sufrir.
Y el vacío no me deja escuchar, para no sufrir.

Porque en los recuerdos estabas tú, en las imágenes estabas tú, en los sonidos estabas tú.

Y me pregunto si es vacío el vacío? Soy yo vacío?

O lo vacié yo?

Al filo de la navaja de la realidad

me paro en el balcón. mis pies descalzos sobre la baranda de metal blanco. por un instante tengo un atisbo de razón y observo la cercanía de la seguridad (una lengua de raciocinio q repta en mi ayuda).

el viento me abraza, me hace vivir, así q cierro los ojos y me dejo llevar por mi mente. un pequeño paseo a la paz. un pequeño paseo de virtual libertad.

allá lejos, un auto suena. allá lejos, la gente pelea, se empuja. allá lejos las personas combaten por vivir.

aquí el viento vive y deja vivir. me susurra al oído. aquí el sol me acaricia en la mañana. aquí los problemas no han subido conmigo, tienen miedo.

abro los ojos, un gorrión me mira. me mira fijo. espectador de lo fantástico o de lo idiota.

una ráfaga de viento me abraza y me quiere llevar. no se lo permito. no estoy listo. la libertad extrema es para gente extrema y yo solo quiero saborear, no empalagarme.

la baranda se ofende. comienza a angostarse. quiero bajar, pero ella no me deja. se vuelve cortante y mis pies sangran. le pido ayuda al viento pero al bajar él, creo para ayudarme, me desestabiliza.

respiro profundo.

soporto el dolor.

decido bajar al mundo.

el borde es ancho otra vez. el viento no es más que una brisa.

poso mis pies sobre el balcón y entro a la habitación.

Ghost

Tengo frío. Y las frazadas no me abrigan, el fuego no para mi temblor. Es el frío del alma. Es el frío ártico que se apodera de mí.

*Caminé por el trayecto sin fin, dudando a cada paso. Las nieves se amontonaban a mi alrededor y el viento azotaba sin piedad.*

Te veo. Un farol en la inconmensurable espesura de la noche. Me acerco pero no me acerco. Siempre distante, siempre adelante.

*Junté mis manos y apreté contra mí mi abrigo. Traté de abrir los ojos pero no pude; el sol me los lastimaba sin piedad. Así q anduve a tientas tratando de encontrar mi camino.*

Mis pies se cansan al avanzar. Si es que estoy avanzando. Te llamo por tu nombre que no es tu nombre.

*Sin agua y sin comida te busqué. La vela de la vida se extinguía. El viento cortaba mi piel; la nieve, mi carne; el frío, mis huesos.*

No tienes nombre. No te conozco. No sé quién eres. Levanto mi mano, quiero tocarte.

*Perdido. Estuve perdido. Vagué por incontables noches, sólo alimentándome de tu recuerdo.*

Eres real. Dios! eres real! Tu calor me envuelve y mis lágrimas me lastiman los ojos al salir.

*Supe que no estaba solo. La tierra de soledad está plagada de inviduos ciegos.*

Me dices que no eres quien eres. No sabes quien eres, pero yo lo sé. Sólo crees saber quien eres.

*Traté de orientarme. Traté de encontrar la salida. Olí tu perfume y comencé a caminar.*

Veo que estás ciega, también vagando, como yo, por este desierto de nieve.

*Iba a encontrarte, pues eres mi vida. Iba a encontrarte, para poder vivir.*

Pongo mi mano sobre tu corazón, lo siento latir. Tú no te das cuenta. Empieza a nevar.

*Mis esperanzas estaban contigo, y te fuiste. Sólo te fuiste. Ni siquiera recordaste mi nombre.*

El desierto te cambió. No eres más quien yo creí. Pero eres tú. Todavía ahora siento tu ghost.

*Por un momento creí que me reconocerías. Que correrías a mis brazos. No fué así.*

Ahora te veo en la distancia, apartándote de todos, alejándote de mí, hundiéndote en la árida planicie.

*Susurré tu nombre para hacerte volver. "Aunque fuese por un instante", pensé.*

Tu imagen se va disipando. El viento vuelve a soplar. El frío comienza a cortar. Otra vez.

*Me quedé allí. Te esperé en los seis meses de luz. Te esperé en los seis meses de sombras.*

Miro mis pies. Miro mis manos. Un nuevo rumbo he de seguir. Tomo coraje. Respiro hondo. Comienzo a caminar pero algo me detiene. Una deuda, quizás con mi conciencia, que he de saldar: te devuelvo tu nombre, pues ya no me pertenece.

Finalmente, parto. Un nuevo amanecer se alza sobre mi nuevo camino. Pero entre mis suspiros y mis lágrimas logro despedirme por última vez.

*Adiós, Tomoko.*

En el desierto del olvido.

Las paredes del destino se cierran. Me encierran.

Espejos sin imagen que no dan espacio, no dan respiro.

Una brisa que no da aire. Un sol que no brilla.

Y yo dentro, desespero.

Espero una razón, un ligero entendimiento para estar aquí. Porque no hay salidas, y no hay entradas. Sólo el cielo me da esperanzas. Un cielo que no cambia. Imágenes estáticas de un tiempo pasado. Papel tapiz de esperanza.

Así que, resignado, me recuesto en el cemento frío y observo las nubes quietas. Sueño con formas. Sueño con el aire. Sueño con el césped. El río. Las estrellas.

Creí que estaba vivo, y lo estuve. Caminé por el valle de las sombras y me perdí buscando tu luz. Y la fe no sirvió de nada porque estaba todo el tiempo dando vueltas y vueltas a tu recuerdo.

Vagué por años y en el oasis de la esperanza y me encontré mirándome, famélico. Cansado. Tan cansado de buscarte y no encontrarte.

Famélico me recosté. Famélico me dormí. Famélico fallecí.

Famélico por tu amor.

Escalera

Caminé por el trayecto de la vida. Encontré una escalera que subía y subí. Temeroso, toque con una mano. Era el paraíso. Toqué con ambas y seguro de trepar, Dios me pateó la escalera.

Ahora caigo, se me hace eterno. Sólo silencio hay derredor. De vez en cuando veo subir a un espíritu feliz, que ha sido agraciado por la voluntad divina. Incluso veo demonios subir por una luz celestial. ¿cual es mi lugar entonces? ¿No merezco yo conocer la felicidad eterna? ¿Seré el condenado hasta el fin de los tiempos, aquél que pide monedas y pispea por las rejas de la puerta en la entrada al cielo?

El piso se acerca, muy rápido. Me abro de brazos con la leve esperanza de poder llegar al edén por los conductos normales. Pero nuestro señor es sabio, y sólo me quebré todos los huesos. Estoy inválido...

El único estímulo que recibo ahora, es el recuerdo. En un instante recuerdo la sonrisa angelical, en este mundo de sombras.

La oscuridad me ha vuelto a susurrar al oído, se burla de mí. Ya no tengo fuerzas para pelear ni para dejarme seducir. Ella lo sabe. Toma mis manos y me hace escribir esto. Me conoce demasiado bien y aprovecha para tentarme.

Me susurra una y otra vez la misma idea en mi cabeza: ¿por qué yo?

La oscuridad me envuelve y convierte al mundo en tinieblas. Nada más para ver. Me ciego. Por cada sonrisa que me entregó, he perdido una pequeña parte de mi alma. Ahora estoy vacío. Una cáscara hueca. Un envoltorio de piel que se mueve.

Tiempo, se llenará con tiempo. Cuando cada una de esas sonrisas de desvanezca de mis recuerdos. Cuando cada lágrima caída regrese a su ojo padre. Cuando pueda perdonarme. Cuando sepa que seré feliz otra vez.

Las ventanas están abiertas. Un dejo de alegría se aleja con el último recuerdo y la brisa.

En los pliegues de las sombras me visto y cubro.

Es una tarde soleada, o un anochecer oscuro. Mi cuerpo tiembla y avanzo hacia lo desconocido.

Varias sonrisas se acercan a mí; cubro mi rostro. Enzarzado en alguna pelea interna les dejo ir, puesto que la validez de mi ignorancia en sus anécdotas me dejan perplejo.

Las sombras me van ganando, no puedo partir. No me dejan partir. Me acarician y me susurran deseos oscuros llenos de soledad y odio.

Un instante, y me toman de la mano. Comienzan a guiar mis manos y mis pies. El ruido ensordecedor me despierta y esquivo la masa de combustión que se dirige a mí. Cerca, estuvo cerca.

Extrañando el dulce paso de tu voz por mis oídos vuelvo a soñar. Las sombras se deleitan y se alimentan de la melancolía en bruto que les suministro. Van tomando forma, casi está completa la invocación.

Una mano que no es la mía pero es la mía toma decisiva una decisión. Observo temeroso y la delgada capa de metal se desplaza suavemente por la cárcel dérmica.

No hay dolor. No hay dolor. El dolor se esfuma junto con la sangre derramada.

Las sombras sueltan mi mano: le han enseñado ceder. Pronto, mi alma quiere evadir la cárcel carnal, la prisión de huesos y piel, pero las aberturas son pequeñas y no puede escapar... Trata de abrirse paso nuevamente...

No hay dolor.

Limpio las heridas con mi propia vestimenta. Cubro lo mejor que puedo el odio a mi mismo (por haberte perdido sin perderte) y subo nuevamente al infierno de mi soledad.

Un día más. Pronto mi alma volará libre o caerá a las fauces del eterno fuego. Pero será lo mismo: allí tampoco podré volver a encontrarte jamás...

Suspiro de ángel

Esencia de mis sueños y mis pesadillas.
Eso eres.
Pensé que te tenía, y por un breve momento
conocí la pura felicidad.
Pronto demostraste ser esquiva y
a tu imagen me aferré,
pero sólo pude retener un suspiro de angel
(que era el mío).
Te busqué, pero como nunca estuviste,
no te encontré.
Te recordé, pero como en realidad no existías
sólo te pude volver a soñar...

Globo

Ayer era un globo (o un hombre)...
Un globo que volaba libre (o un hombre confundido)...
Pero hoy te vi (o encontré un cielo para volar)...
Y volaba a tu alrededor (o estaba cerca tuyo)...
Y la brisa me hacía girar de felicidad (o me mirabas)...
Y tu brisa me hacía jugar (o el cielo me cuidaba)...
Y de repente flotaba, jugueteaba con los rayos del sol (o tu sonrisa)...
Me metía dentro de tus cabellos (o esquivaba las nubes)...
Y nadaba entre las estrellas bajo tu luz... (o simplemente, era un globo)...

Dualidad

Me enamoré.
Te odié (porque creo q te amo).
Perdidamente.
Profundamente.
Me hundí en tus ojos magnéticos y no pude escapar.
Me clavaste un puñal con tu mirada para que no pueda huir
(Tampoco quería)
(Tampoco quería)
Y te ví. Sí, te vi! Me mirabas.
Y al mirarme te odié nuevamente (por no dejar dudas de mi amor por ti)
Y tus ojos me quemaron el alma marcando tu paso por mi vida.
Y tus ojos me quemaron el alma (encendiste la pasión en mi)
Soñé contigo, y tú en mi vida
Tuve pesadillas (mi mente decía que no podía ser verdad), y allí
eras la lluvia de mis sequías
inundabas todo cuanto yo veía (con mis lágrimas de felicidad)
eras el Sol de las semillas de mis sueños
aniquilaste mis sueños, quemándolos (sólo queda pensar en tí)
eras el corazón de mi alma
me manejas como quieres
y el alma de mi alegría.
y no puedo oponer resistencia
Te miré otra vez.
Te miré otra vez.
Te llevé a la pradera de mi infancia.
Quise sentirme seguro.
Te mostré los campos y mi trigal.
Quise escapar...
Y sin decir palabra te acomodaste allí, libre de toda culpa, libre de todo pensamiento.
Te situé donde podía manejarte.
Pero tuve que partir, y al partir no pude dejar de mirar el horizonte, adivinando donde estabas.
Pero te adueñaste de todo con un sólo parpadeo.
El sol se negó a salir.
Pero no veía el camino.
La luna se escondía tímida.
Sólo la oscuridad de compañía
Y en mis tinieblas, tomaste mi mano.
Me capturaste
Mi alegría me hizo ciego...
Ahora sólo puedo verte a tí...
Y aún así, me dejé llevar...
Y aún así, me dejé llevar...

Diciembre 2006 - Extractos

En la mar...
Estoy en un bote
Estoy en tu mar.
Estás en mis ojos
Estás en la mar.

La mar de amores
La mar de mi cantar.
Un Cantar del alma
Dulce y fiel alma
Mi secreta alma
Que te doy sin dudar.

El Sol golpea ya
Y no deja morir.
Pero son tus ojos
Los que vienen a mí
Tiernos y amorosos
Y me hacen vivir.

Celoso el cielo
Al ver tu sonrisa
Llamó al infierno
que liberó furia
en el mar eterno
Sobre mi barquilla

Perdí todo rastro
En la profundidad.
Caí en exceso
Sobreviví al mal.
Perdí todo peso
del alma inmortal.

Por eso ahora
Sueño con la mar.
Estás en mis ojos
Estoy en tu mar.
2005-10-05

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She must start living her dream and I must finish dreaming mine...

Delirios

El maldito, frío vacío se come mis entrañas en un intento de avanzar sobre mi alma. Dulce y pacífica me muestra una muesca de dolor; lo abrazo, no lo puedo dejar ir... Adónde quedo yo? Atrapado en las redes de la cordura, mi mente se alza y grita. Ya no puedo seguir así. Y sin embargo, sigo. Inentendible agilidez para el dolor, se retuerce, gira y se contrae. Se expande y abarca todo lo que puede sólo para dispersarse en la inmensidad del vacío que lo contiene y desaparecer en la continuidad espacio-tiempo... Y finalmente me deja aún más solo, sin ningún sentimiento, sin ningún dolor... Solo, sin cuerpo, sin materia, sin alma.

Diciembre 2006 - Extracto

Freno la lanza con el alma, y ésta se hunde irremediablemente, condenándome a la agonía inevitable de mis últimos días...

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A desert of roses I offered you in silence
And I forgot you were blind
A choir of angels I raped from Heaven
And I forgot you were deaf
I took my heart and put it in your hands
And when it reached the floor I remembered:
I forgot you didn’t love me

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One way ticket.

I should not be inloved.
I should not be inloved, but I do.
I should not be inloved with you, but I do.
I should not be madly inloved with you, but I do.

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La presa

la presa no es presa
es un suspiro
un viento helado
el sol brillante en primavera
el olor fresco al campo despues de una tormenta
el huracán que no tiene piedad
el cordero perdido en la montaña
el terremoto de mis sueños
la lágrima de mi alma
la sonrisa eterna de un niño
...
no hay presa porque no hay caza

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Guillotine - un pasado no tan pasado

Tu alma brotaba

de tus dulces ojos

y sin poder salir

miré mis atadas

manos, doloridas.

Recordé el llanto,

el hurto nocturno.

Sonreí y lloré,

te vi acercarte

queriendo tocarme.

Tu mano temblaba

y antes de poder

rozarte siquiera

la balanza tembló,

la cuchilla cayó,

y por última vez,

yo suspiré por ti.

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May the gods have mercy of my soul... and kill me now.

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Ahora Yo - Rachel

El siguiente es un obsequio que me hicieron. Muy personal por cierto. Espero que puedan apreciarlo como yo lo hice. Un cristal de azul muy profundo.

Ahora Yo - por Rachel


Es mi culpa. Por más que le de vueltas al asunto sé que es mi culpa.

Una y otra vez tus palabras golpean mi cabeza. Una y otra vez. No tengo ganas de pensar. No tengo ganas de dormir, de comer o de llorar. Ni siquiera de sentir.

¿Qué soy? ¿Qué soy? Me gritaste tantas cosas que seguramente soy una de esas. Y sí, vos sos una persona adulta, debés tener mucha idea acerca de la madurez de la gente. Todavía resuena tu voz en mis oídos. ¡Basta! Me los cubro con las manos y aún así te sigo escuchando. ¡Basta! Cómo podés ser tan cruel, enojarte tanto, si sabés que yo te quiero…

El café está frío. Qué raro…siempre me sale bien el café.

Por la ventana veo que en el edificio de enfrente una pareja que mira televisión en la cama. ¿Serán felices? ¿Se gritarán alguna de las cosas que me gritaste hoy? Eso me recuerda al tema que discutimos en el grupo el lunes. ¿Existe la felicidad? Tema difícil dijo el coordinador, mientras se acomodaba los tres pelos que le quedan en la cabeza. Todos opinamos cada cosa…hasta la flaca Lily habló. Y eso es mucho decir.

¡Ahora se abrazan! Y cómo se besan… capaz que sí, que son felices. Me parece que a él es al que vi el otro día en el súper charlando con la morocha del 6…muy amigablemente por cierto.

¡Otra vez el teléfono! ¿A esta hora? ¿Serás vos? Yo no atiendo. A ver si se te ocurre disculparte por todo lo que me gritaste y tenés ganas de que volvamos a estar juntos…

Para qué. No señor. No atiendo. Ahora me ofendí yo.