La brisa me envolvió, elevó mis cabellos en un remolino.
La inspiración me insinuaba cada a paso y pronto me encontré a tu puerta. Posé mis dedos sobre ella, recorrí cada marca, cada lugar donde se habían posado los tuyos.
Muy poco faltó para llamarte, para oir tu voz.
En mi mente, temeroso, me alejé. Invocar los demonios del pasado no es sabia decisión. Pero ellos, sintiéndose llamados por mi dolor, me persiguieron calle abajo. Los traté de perder: huí por los callejones de los problemas mundanos, me escondí en los problemas familiares, trepé montañas de asuntos pendientes... fue en vano.
Mi corazón se hizo un nudo. Recordé tu sonrisa. Ese fue el primer golpe. Demonios si los hay, ese es bastante duro de roer. Y sabe golpear muy bajo.
Así q aparte la mano izquierda de la puerta y la mano derecha del timbre.
Doy un paso atrás, y huyo acobardado.
jueves, 19 de julio de 2007
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