Las paredes del destino se cierran. Me encierran.
Espejos sin imagen que no dan espacio, no dan respiro.
Una brisa que no da aire. Un sol que no brilla.
Y yo dentro, desespero.
Espero una razón, un ligero entendimiento para estar aquí. Porque no hay salidas, y no hay entradas. Sólo el cielo me da esperanzas. Un cielo que no cambia. Imágenes estáticas de un tiempo pasado. Papel tapiz de esperanza.
Así que, resignado, me recuesto en el cemento frío y observo las nubes quietas. Sueño con formas. Sueño con el aire. Sueño con el césped. El río. Las estrellas.
Creí que estaba vivo, y lo estuve. Caminé por el valle de las sombras y me perdí buscando tu luz. Y la fe no sirvió de nada porque estaba todo el tiempo dando vueltas y vueltas a tu recuerdo.
Vagué por años y en el oasis de la esperanza y me encontré mirándome, famélico. Cansado. Tan cansado de buscarte y no encontrarte.
Famélico me recosté. Famélico me dormí. Famélico fallecí.
Famélico por tu amor.
jueves, 19 de julio de 2007
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