miércoles, 25 de julio de 2007

Inocente sabiduría

Sé que mi voluntad no alcanza, que mi voz no alcanza, para poder hacerlo. Estoy allí parado, indescriptiblemente somnoliento, sin saber realmente qué hacer. No hay fuerza en el mundo que me haga avanzar o retroceder, soy una estatua de piedra rendido a las inferencias del tiempo.

Pero mi corazón no es de piedra y mi alma mucho menos. Sólo no sé que hacer. Sólo estoy dubitativo.

Si hay algo que me gusta son las complicaciones, y es lo que me atrae, es todo lo que me hace moverme.

Si hay algo que temo, es al rechazo, y es lo que retrae, lo que me hace huir.

Es el equilibrio justo que he encontrado, el que no me permite moverme libremente.

Ansioso estoy por tus ojos, tu humor y tu mente, nutritivo alimento para un desayuno dulce.

Pero temeroso estoy de tus palabras, y de tus gestos que no veo.

Supongo que son mis fantasmas, ilusiones de un tiempo mejor, los que me tapan y no veo que quizás tu dulce llama es la luz que no encuentro. Supongo, quizás, supongo, que deba dejarme fluir. Liberarme de mí mismo y ser volátil, en el sentido volador de la palabra, flotar, desplegar las alas para encontrarte en tu reino allá a lo lejos... allá en lo alto...

Al amanecer, subo a la terraza descalzo. Cada una de las imperfecciones del suelo van marcándose en mis pies. Mis mascotas, inesperados testigos de lo inexplicable, mueven sus colas alegremente pero sin acercarse, como si por una inocente sabiduría supieran que no puedo contestar las preguntas que ellas no pueden expresar.

Cada peldaño de la escalera me parece un desafío. El frío corta como un cuchillo sin filo. Y me paro en el borde, un poco inquieto. Despliego mis alas, las estiro y recibo al padre Sol. Y la más profunda de las tristezas llega a mi alma. Hace que mis ojos lloren. Hace que mi alma tiemble.

Hoy he despertado con alas, pero no he aprendido a volar.

De la luz tu mano se forma. Me insta a seguirte. Y yo, rompo la piedra de la carne, dejo la duda atrás. Abro las alas y no me pregunto si empezaré a volar, sólo comienzo a hacerlo.