Sólo para no sentirme solo,
abrazo la soledad que me rodea.
Me abrigo con ella en esta noche triste
que me amarga y me apena.
Dulce es el canto
que la envuelve en las horas oscuras
mas no es el canto y sí el llanto
lo que me envuelve en esta locura.
Que más puedo darte,
no lo sé ni lo sabré jamás.
Un desgarro del destino
fue lo que me hizo amarte más.