miércoles, 18 de julio de 2007

Respirando tu respirar


Soñando sobre tí
mis penas se alejan.

Soñando sobre tí
una nube queda tan pequeña
que una de mis lágrimas la desborda.

Soñando sobre tí aprendi
que una caricia lo puede todo
y no se apaga con nada
el fuego que despierta.

Soñando sobre tí descubrí
que no hay mejor almohada
que tus besos dormidos;
descubrí que no hay mejor cobertor
que nuestros sueños entretejidos.

Esa noche descubrí
que la palabra amor
se escapaba suavemente
con cada uno de nuestros suspiros...

Los Siete Sellos - Capítulo 8

Capítulo 8

Corazón-De-Piedra sacó ambas pistolas y fue avanzando, apuntando a todo lo que se movía. Piedad avanzó con poco cuidado, esquivando los manotazos; en tanto que Ojo-De-Moneda observando a los cambiantes, descubrió a uno de ellos que lo miraba fijamente.

Piedad llegó hasta donde Pequeña-Cachorra y Sarna-Antigua.

La violencia ya involucraba a cuatro de los reos y cuando el frío Corazón-De-Piedra observó a Ojo-De-Moneda, descubrió que un hombre rata y otro con forma humanoide estaban tratando de activar el ascensor, sin resultados. El humanoide poseía una piel verde, casi con escamas y miraba fijamente a Ojo-De-Moneda.
El zombie con las dos pistolas apuntó cuidadosamente y dejó ciego al hombre serpiente. Y mientras Ojo-De-Moneda despertaba de su hipnosis, el hombre rata seguía intentando activar el ascensor.

Si bien era notoria la falta de carnes en todos los reos, más notoria era la fuerza que aun mostraban. La fuerza, la rapidez y tenacidad en destruir a sus compañeros hicieron mucho más difícil el recorrido para Piedad y Corazón-De-Piedra. La niña estaba profundamente dormida, tan profundamente, que ni siquiera oyó la gran batalla en la que estaban inmersos casi todos los reos. Pero uno de ellos los observaba fijamente. Casi con curiosidad. Un gigantesco tigre los miraba.

Un tanto nerviosos, ya sea por la pelea que amenazaba con arrastrarlos hasta el medio de ella, ya sea por la cruda pelea de la serpiente gigantesca que amenazaba con engullir por completo a Ojo-De-Moneda, ya sea porque tuvieran que pasar por al lado del gigantesco gato, tanto Piedad como Corazón-De-Piedra cuidaron fervientemente del estado del lobo y de la niña. El lobo estaba delicado, estaba bastante mal herido y tenía una fractura expuesta en pata posterior izquierda.

Finalmente una luz se hizo. Era el gigantesco tigre, que una vez alejada la turbe iracunda, les abrió camino saltando sobre la serpiente. El grito de desesperación de la serpiente, ciega y siendo masticada por el gigantesco felino, despertó a la niña, que sin entender demasiado, comenzó a brillar. Arcos eléctricos se desprendieron de su cuerpo y tal fue la magnitud de éstos, que habiendo estado Piedad viva, hubiera muerto tres veces.

Pero Pequeña-Cachorra había visto lo que ninguno de los demás había percibido, y había reaccionado instintivamente. Más tarde no recordaría nada: éste sería su primer cambio. Lo que ella había visto y lo que la Rabia le había llevado a hacer, era que la gigantesca rata había ya encontrado la llave del guardia y habiéndola metido en la ranura del ascensor, todavía faltaba que las puertas se cerrasen.

Veloz como el viento, la pequeña loba llegó hasta el ascensor y las puertas se cerraron. Gritos desgarradores fueron escuchados. Hasta la gran pelea se detuvo. Un gran silencio se produjo.

Una gran cantidad de sangre salió por la parte inferior de las puertas. El hombre tigre presionó el botón de llamado del ascensor y las puertas se abrieron. Del hombre rata sólo quedaba una mano y una pierna. En el fondo, la pequeña loba en forma guerrera, dormía con la boca y garras ensangrentadas.

Todos concordaron que en agradecimiento por la liberación, saldrían primero aquellos extraños, aberraciones de Gaia. El desconcierto que estas criaturas, ajenas al ciclo de la vida, generaron en los prisioneros al liberarlos es algo que pasarán décadas en olvidarse. Se convertirán en mitos, pero se perderán con el tiempo... cuando ya no haya voces que decidan contarlas ni mentes que puedan recordarlas.

A pesar de la aberración misma de su existencia, los cambiantes aceptaron el regalo ofrecido. A veces, cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía. Es cierto. Pero a caballo regalado, no se le miran los dientes.

Al llegar a la tribu, todos los recibieron con gritos de júbilo. Fueron recibidos con honores y ceremonias. Pero a pesar de lo maltrechos que estaban, del cansancio de sus almas, se sentían completos, aun Ojo-De-Moneda, al haber quitado de las manos de la corrupción a una criatura tan inocente.

Explicaron que no todos habían decidido partir que todavía había gente dentro. Incluso se ofrecieron para volver, pero no les fue concedido. Sarna-Antigua, una vez recuperado y con forma humana, les instruyó para que traspasaran su conocimiento a la manada de cachorros que se adentrarían nuevamente en el laboratorio del horror.

Finalmente recibieron de buena gana el rito del descanso eterno. Y sus nombres fueron grabados en la madera del milenario tótem, como fieles guías y protectores.

De todos los cambiantes lobo, sólo uno faltaba. Aquel cuya misión aun no había terminado.

Los Siete Sellos - Capítulo 7

Capítulo 7

Las puertas del ascensor se abrieron. Sin posibilidad de avanzar más, descubrieron pronto una sala de seguridad. Tanto las puertas de la sala como los distintos accesos del pasillo estaban fuertemente asegurados y, sin embargo, no había movimiento.

Volvieron al ascensor. Comenzaron a presionar botones al azar, pero nada sucedió. Hasta que de repente, el ascensor fue llamado.

Las puertas del ascensor se abrieron. Frente a ellos un hombre vestido de guardia pero con una cara completamente deforme estaba parado. Se subió al ascensor y en el momento de presionar el piso, un ojo salió de su nuca para observarlos.

Las balas atravesaron el cráneo del fomori rebotando en una pared plástica y transparente para luego alojarse en la cavidad toráxica de Piedad. El cuerpo cayó, impidiendo al ascensor cerrar sus puertas. Tomaron las armas del guardia, y encontraron también una llave extraña.

Avanzaron hasta la sala. Esta estaba separada por el mismo tipo de plástico transparente formando diferentes y pequeñas celdas transparentes. Sólo uno o dos prisioneros durmiendo que no se inmutaron.

Con la llave, pudieron abrir el panel de acceso del ascensor. Observaron en que piso estaban y empezaron a recorrer, con mucho cuidado, los distintos pisos - celda. Finalmente, luego de haber revisado ocho pisos, encontraron a una niña con un viejo lobo en su regazo.

Delante de ellos, todas las habitaciones contenían a otros refugiados.

Delante de la puerta principal, una abertura para la llave y dos botones. Colocaron la llave y presionaron un botón. Todas las puertas excepto la principal se abrieron. Los prisioneros salieron al área común y pronto se formó una pelea. Presionaron el otro botón y se abrió la externa.

Pronto se dieron cuenta que todos los prisioneros eran cambiantes. La locura y el encierro los había vuelto bastante intolerantes. El hombre puma y un hombre lobo comenzaron a combatir en sus formas guerreras. Y entre medio de todo eso, la niña y el viejo lobo, durmiendo.


Hay un dicho que dice: el camino al infierno está plagado de buenas intenciones.

Los Siete Sellos - Capítulo 6

Capítulo 6

Regresaron a las oficinas. No encontraron nada, todo estaba en orden. Recordaron el ascensor cuando éste volvió a hacer sonar su pequeña musiquilla.

Se escondieron rápido y mantuvieron el silencio. Nuevamente, otra criatura apareció. Era la misma que la anterior. Pero sus movimientos eran más cuidados, estaba más alerta. Y mientras ésta revisaba una de las oficinas, los muertos vivientes avanzaron hasta el ascensor. No había espacio suficiente para los tres y la criatura, pero como ella era baja, hicieron presión abriéndose de piernas para no tocarla.

La criatura volvió al rato. Las puertas se cerraron y la bestia presionó una pequeña palanca disimulada en la pared. El ascensor comenzó a moverse, y a todos les costó mantenerse en esa, bastante ridícula, posición.

Al bajar al primer subsuelo, la criatura salió y apresuró su paso. Dobló en el primer pasillo y desapareció. Es decir, se movió rápidamente ignorando a sus perseguidores, cuya velocidad máxima a fuerza de concentrarse para hacer reaccionar los músculos de sus piernas no llegaría nunca a tomar una buena velocidad.

Sobre sus cabezas, en el pasillo, un gran caño se extendía. Siguiéndolo, entraron a una pequeña fábrica de alimento para mascotas. No encontraron nada allí, así que lo siguieron hasta tres divisiones que cada una se dirigía a distintas habitaciones. En la primera, el gigantesco caño caía a una máquina que embolsaba alimento para perros. En la segunda, caía a una máquina, pero en vez de alimento para perros, ésta eran bolsas para alimento gatuno. Y finalmente en la tercera habitación, se embotellaba lo mismo que venía del caño en latas cuya leyenda indicaba: "Veneno para ratas. Precaución, mantener fuera del alcance de los niños".

Revisaron las otras habitaciones, pero la única respuesta evidente para la aparente desaparición de la criatura era alguna trampa secreta en el vestuario de los empleados.

Sin ahondar demasiado, regresaron al ascensor. Lo revisaron con cuidado y notaron que, escondidas, eran dos las palancas para que manejaran las criaturas. En el panel, el botón gigante rojo, en realidad abría un nuevo panel, donde había que colocar la palma de la mano.

Luego de un tiempo, decidieron presionar las tan bien ocultas palanquillas del piso. Volvieron a presionar la palanca que había presionado la criatura, y bajaron un piso más.

El piso era blanco. Todo era blanco. Y en cada una de esas habitaciones, si bien vacías de personas, todo indicaba que era una especie de consultorio médico. Al revisarla, y sin poder evitar encontrarse con otra de esas criaturas, la teoría del silencio fue deshechada: las conversaciones, lejos de ser medidas, prácticamente recorrían los pasillos a diestra y siniestra para alcanzar los oídos buscados. Y sin embargo, la criatura pasó sin prestar demasiada atención.

Tenían que seguir investigando. Se preguntaron cuantos pisos más podrían bajar. Fueron hasta el ascensor. Presionaron 1, luego 0, en la pantalla apareció el 10, volvieron a presionar el 0, apareció 100, volvieron a presionar 0, y la pantalla quedó clavada en el 999.

Se miraron. Y presionaron la palanca una vez más.

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Él los observó entrar a las oficinas. Bajó del árbol y cruzó el portón. Los ronquidos del guardia ya no se escuchaban, trató de volver a cruzar. Demasiado tarde. El guardia tuvo la mala suerte de encontrarlo.

Luego de eliminarlo, se prometió a sí mismo no confiar tan ciegamente en las capacidades de sus *levantados*. Tenía que encontrarlo. Sabía que él estaría por allí. Tenía que encontrarlo, y si estaba demasiado *hablador*, lo eliminaría. Después haría sus paces con Gaia. Pero era necesario.

Los Siete Sellos - Capítulo 5

Capítulo 5

Ojo-De-Moneda pateó la puerta. La criatura estaba devorando las entrañas del guardia, pero reaccionó casi inmediatamente y realizó una pirueta hacia atrás poniéndose en posición para saltar y atacar. Boca abierta mediante, estaba *observando* la puerta.
La tensión cadavérica le permitía a Ojo-De-Moneda mantener el pulso de forma mucho más estable que en vida, y no pudo evitar una pequeña sonrisa en la comisura de la boca.
La criatura estaba quieta. No avanzaba. No retrocedía. Podría jurarse que estaba paralizada, si no fuera por los hilos de baba y sangre que subían y bajaban levemente de su boca cuando respiraba.
El muerto avanzó. Se sintió observado. Se puso nervioso, aunque no pudo expresarlo.
Piedad sacó una Klaive, que era un enorme cuchillo de plata, de su espalda. Corazón-De-Piedra tenía desenfundadas dos pistolas de menor calibre.
Ante una coordinación no escrita. Corazón-De-Piedra se hechó a un costado al tiempo que Ojo-De-Moneda disparó su preciada arma. Piedad se cubrió tras el cuerpo de éste último, espectante de la reacción del pequeño monstruo.
Éste, todavía en posición de ataque, recibió el tremendo balazo, pero contrario a los resultados esperados, le atravesó el cuerpo y el ser apenas si demostró haberlo notado. Su salto fue inmediato, casi inesperado, y el corte fue limpio. Sus filas de dientes se cerraron sobre la mano de la magnum y mientras Ojo-De-Moneda sentía cercenar su mano, se podía escuchar el ruido del metal doblarse.
Corazón-De-Piedra dudó al disparar, ya que la criatura al caer sólo masticaba y masticaba. El ruido de la criatura deglutiendo llenaba el lugar. Pero sólo estaba allí. No continuó el ataque.
En ese momento, Piedad tomó su Klaive y la hundió en la carne blanda y esponjosa de la criatura. Ningún sonido emitió.
Bañada en sangre, se quedó mirando a la criatura, que aun casi partida a la mitad, se movía frenéticamente en un intento de salvarse.
- Por lo menos ya sabemos algo - dijo Corazón-De-Piedra - Detectan el sonido.
Piedad limpió su cuchillo y Ojo-De-Moneda lo miró con ojos encendidos mientras se tomaba el muñón.
- Entremos, pero tengamos cuidado. - dijo Piedad.

La chispa inicial de Ojo-De-Moneda, se había reducido considerablemente, pero aun podía sentir que unos ojos estaban allí, juzgándolo.


1 hora antes

- Ya hace rato que se han ido. ¿Podrá haber algún problema? - preguntó uno de los ancianos.
- No lo creo, además, no se darán cuenta que él los está siguiendo. Tienen una mayor preocupación en sus mentes.
- No me preocupa si lo llegan a ver, me preocupa que no puedan realizar la misión.
- Han sido bien elegidos. La llevarán a cabo. O eso, o nunca lograrán traicionarnos. No dudo que los hará jirones si tratan de hacerlo.
- Tienes razón, después de todo, él fue quien los regresó. No descansará hasta asegurarse que todo haya salido de forma correcta.


5 días antes.

- ¿Hacemos bien? - dice una voz cansada.
- Sí, es la única oportunidad. - dice una voz dubitativa.
- Pero estamos atentando contra Gaia, estos hombres ya han muerto, sea la razón que sea. Y eso es atentar contra todo lo que creemos. La letanía...
- Ya es tiempo de hacer algo contra todo esto. - dijo una tercera voz mucho más joven - Si Gaia ha permitido que yo haya obtenido este conocimiento, es por alguna razón. Si ustedes optan por no participar lo entiendo. La cobardía nunca será aplicada a ustedes.
La voz cansada respondió tranquilamente.
- El ímpetu y la fuerza de la sangre corre fuerte por tí. Y me parece muy bien. Pero todos sabemos que al hacer esto o logramos bien salir de esta de forma honorable, o nos mancharemos con el Wyrm. Si esta misión sale de forma correcta, lograremos limpiar a cinco almas mancilladas. - tomó un respiro, estaba bastante agitado - Para que esto funcione, tenemos que tomar a estos traidores, limpiarlos y hacer que olviden su corrupción. Que olviden su conexión con Gaia y con nosotros. Hacerlos suceptibles y que olviden parte de su vida corrupta. ¿Se puede hacer esto?
- Así es y así se hará, Viento-De-Invierno.

Los Siete Sellos - Capítulo 4

Capítulo 4

A paso lento, Ojo-De-Moneda y Piedad cruzaron la calle.

- ¿Vieron cuántos guardias son?
- Sí, de este lado son dos. Fíjate ahí. Ese portón es una de las entradas. Y en la garita esa hay uno. Está durmiendo. El otro camina en el terreno, pero hace rato lo perdí de vista.

- ¿Y cuál es el otro lado?

- Lo revisó Piedad. El galpón llega hasta el otro lado. Cruza toda la manzana, pero por este lado es por donde entran los camiones.

- Del otro lado hay una puerta y una ventana con una persiana de metal. Va a ser imposible que nos metamos por ahí. ¿Alguien sabe qué es este galpón?

- Sí - dijo Corazón-De-Piedra - Yo vivía a unas manzanas de aquí. Este es un depósito de una distribuidora de alimentos para mascotas. Nunca supe por qué, pero mucha gente venía a este lugar. Por lo general, gente de escasos recursos.

- Sería bueno que entremos de una vez, entonces. El guardia se despertará y luego será más difícil entrar.
Ojo-De-Moneda sacó de su espalda su magnum .45.

- Déjenmelos a mí.

- NO! - exclamó Piedad, con furia contenida - Debemos tratar de no llamar la atención.

Ojo-De-Moneda le guiñó un ojo y luego de guardar su pistola, sacó un cuchillo.

Piedad y Corazón-De-Piedra se miraron.

- Entiendes que si son humanos no voy a permitirte lastimarlos, ¿no?

Ojo-De-Moneda asintió con su cabeza sin detenerse.

Piedad insistió.

- Lo entiendes, ¿cierto?, ¡¿Cierto?!

Finalmente, Corazón-De-Piedra le puso una mano a Ojo-De-Moneda en el hombro y con un gesto de cabeza de forma negativa, hizo que el otro guardara finalmente el cuchillo.

Desilusionado, giró hacia Piedad.

- Está bien, pero ante el menor problema, cada uno estará por su cuenta.

Los tres cruzaron la calle. Con cierta dificultad, pero sin hacer ruido, el paranoico zombie trepó el portón.

- Tiene un candado. Voy a buscar las llaves. - susurró.

Uno, dos, tres minutos más y el portón fue abierto. Y ante ellos se encontraba una playa, un terreno liso de tierra. Sobre el fondo del terreno, un camión con todas las luces apagadas. Dentro de él lograron ver al guardia desaparecido, durmiendo plácidamente recostado en el asiento delantero. Sin hacer demasiado ruido, llegaron hasta la puerta de la oficina. La abrieron, no tenía hechada la llave.

Dentro había una pequeña oficina, y dos pequeñas salas de espera. En el fondo, medio escondido, se hallaba un ascensor de carga. El ascensor comenzó a moverse mientras ellos revisaban la oficina. La música del ascensor al abrirse les llamó la atención a los tres.

Y es allí cuando lo vieron pasar. Al primero de ellos. Una especie de mezcla entre sapo y perro. Era completamente ciego, y tenía una boca gigantesca. Toda su piel parecía en carne viva. Tenía un caminar pesado, pero sus poderosas patas, a pesar de ser cortas, evidenciaban una gran fuerza física.

La puerta de la entrada se abrió de golpe, y el guardia del camión se asomó pistola en mano. La criatura se movió casi instantáneamente y saltó sobre él sin darle tiempo a nada. La puerta se cerró tras ellos sin permitirles a los muertos en vida ver el resultado de ese enfrentamiento, pero a juzgar por los gritos a huesos crujientes, y la falta de gritos o de disparos, el resultado era más que obvio. Tendrían que tener más cuidado.

Salieron al hall principal, tenían una opción que hacer. Fuera, la criatura estaba dándose un festín. Una criatura terrorífica. De recordar la enorme cantidad de filas de dientes les ponía la muerta piel, de gallina. La puerta del ascensor estaba abierta y quién sabe si lo estaría por mucho tiempo.


Corazón-De-Piedra no se detuvo a contemplar la escena. Sabía que hacer. Tomó una silla y trabó el ascensor. Piedad se apostó contra la puerta hacia donde se encontraba el guardia y Ojo-De-Moneda sacó su preciada Magnum. Los ojos de éste último brillaban. Por fin vería acción.

Los Siete Sellos - Capítulo 3

Capítulo 3


- Entonces, ¿por qué es tan importante nuestra presencia o nuestro accionar?. Habiendo conocido la fuerza y rapidez de un hombre lobo, demás está decir que desconfío de esta tarea. Si hasta los suyos fallaron, ¿cómo pueden estar seguros que nosotros triunfaremos? - dicho esto, Corazón-De-Piedra miró con desconfianza a sus compañeros - No somos grandes guerreros, y mucho menos tenemos la rapidez necesaria en nuestro estado actual - miró sus piernas muertas mientras las golpeaba suavemente - y no siento absolutamente nada.


- Ahí radica su poder. Nosotros - Gran-Colmillo observó hacia su tribu - poseemos nuestro límite. El dolor nos afecta. Es cierto, nos curamos rápido, pero por alguna razón nadie a salido de allí y ha vivido para contarlo. La única información que tenemos, es que el depósito donde están nuestros compañeros puede ser una subsidiaria de nuestro enemigo más terrible, los humanos. Parecerá...

- ¿Vamos a enfrentarnos a humanos? - interrumpió Piedad - No voy a luchar contra los de mi misma especie, esté yo muerta o no.

Gran-Colmillo la observó orgulloso - No esperaba menos de tí. Llevabas mi sangre con honor, y ahora portas su espíritu. No son los humanos que trabajan allí, humanos normales. Es cierto, hay algunos que no saben para quienes trabajan, pero los que sí lo saben, abrazan fuertemente los extraños poderes que se les brinda y sin darse cuenta, terminan corruptos de la forma más terrible.

- No entiendo. - dijo Ojo-De-Moneda.

Piedad y Corazón-De-Piedra no dijeron nada, pero esperaban la explicación ansiosos.

- El Wyrm, la corrupción, es lo que enferma a Madre Gaia. Quizás ustedes conozcan su pus: desperdicios tóxicos volcados *accidentalmente* sobre un campo, por ejemplo. Pero el Wyrm posee esbirros mucho más poderosos. Espíritus potentes, llamadas Perdiciones, o los Fomori, que son humanos tan corruptos por los poderes del Wyrm, que sufren las mutaciones más horrendas. Todos los Fomori están condenados a morir. Todos. Y lo saben. Cambian una vida larga por una muy corta con poderes especiales. Claro, para cuando sobreviven, si lo hacen, sólo les quedan días, semanas o incluso meses. Raramente llegan al año. Además, son usados como peones, y las misiones que se les imponen... digamos que no suelen salir vivos de ellas. Es por todo esto que les decía que en este depósito, es muy poco probable que se enfrenten a humanos *normales*. No los subestimen. Serán débiles al recibir daño, pero son poderosos al atacar. Y nunca, nunca, están solos. Pero volviendo a vuestro caso, al ignorar el dolor, ustedes pueden triunfar donde nosotros no lo hemos logrado. Tengo entendido que si bajan con cuidado los dispositivos que se encuentran allí no los detectarán. Y nosotros... por lo general no vamos con demasiadas sutilezas, si comprenden lo que quiero decir.

- Hablaste de un depósito - dijo Corazón-De-Piedra - ¿a qué haces referencia exactamente?.

- La primer manada que mandamos a buscar a Pequeña-Cachorra y a Sarna-Antigua, nos informó que los habían rastreado hasta un depósito de alimentos para mascotas. Luego, nunca más se supo de ellos. Manada tras manada enviamos. Cinco de ellas hemos perdido. Algunos de los nuestros, acostumbrados ya a vivir con la tecnología, nos han dicho que han perdido el rastro, observándolos mediante aparatos que miden el calor.

- Termografía - murmuró Ojo-De-Moneda - ¿Podremos pedirle a ese hombre lobo que nos facilite herramientas y armas?

- Hablaré con él inmediatamente.

- Una cosa más - dijo Piedad - Me gustaría que llamen a los espíritus para que bendigan nuestra misión.

- Será hecho sin demora antes que ustedes partan. ¿Alguna cosa más?


Los tres se miraron entre sí. No sabían dónde iban a ir. Dónde se hallaba su destino ni los peligros que les acechaban. Tomaron nota del depósito y luego de la bendición de los espíritus, fueron a armarse. Secretamente, sólo el recuerdo de un destierro en las Tierras Sombrías los motivaba lo suficiente para seguir adelante.

Los Siete Sellos - Capítulo 2

Chapter 2

20 años atrás...

- Cachorros, ustedes van a presenciar algo completamente inédito. Aprendan de esto que jamás volverán a ver. Estos seres humanos, quienes son parientes nuestros, más de una vez han arriesgado sus vidas por nosotros. - señaló, sin mirar, a los cinco ataúdes cerrados que se encontraban en círculo - Los cinco han tenido una muerte violenta, y ésta es la oportunidad que vamos a darles para que sus almas descansen finalmente en paz.
Tímidamente, uno de los cachorros levantó su mano.
- ¿Sí? Dime cachorro... - dijo Melena-De-León.
- ¿Levantar muertos no está en contra de los designios de Gaia?
Melena-De-León la miró despectivamente. Luego de un momento, respondió.
- Así es, pero estos héroes que yacen aquí son necesarios para combatir un mal que no podemos enfrentar directamente. Varias manadas han perecido ya a manos del Wyrm, del Caos. A los espíritus se les pedirá que abandonen momentáneamente su tortura eterna, para que nos ayuden en esta tarea. Serán ellos los que decidan ayudarnos. Si nos dan una negativa, se les hará el rito de Descanso para los Muertos, y podrán descansar finalmente en paz, en vez de deambular perdidamente por el plano espiritual.
Sheyla asintió con la cabeza.
- ¿Quiénes son estos héroes? - preguntó Ping-Pong
Melena-De-León suspiró pesadamente.
- Aquel que está allí, es Ojo-De-Moneda, éste es Corazón-De-Piedra. Y estos de este lado son Espíritu-Altivo, Mano-Dura y Piedad. Ahora *cachorros*, - dijo despectivamente esta última palabra - hagan silencio. Gran-Colmillo trae un huésped a nuestro Túmulo. Es un Mago que en esta época se hace llamar Nicolás.

Gran-Colmillo, el más fiero guerrero de los Garou, avanzó mirando a los cachorros y haciendo una leve reverencia a Melena-De-León. Detrás de él, caminaba Nicolás, el mago. Los chiquillos se sentaron.

El Arcano, como a veces se les suele llamar a los magos, levantó sus manos. Una gran niebla se creó inmediatamente alrededor del círculo que estaba dibujado en la tierra, y que encerraba a los cinco ataúdes. Los ancianos, entre los que no estaba Melena-De-León ni Gran-Colmillo, comenzaron un gran ritual para correr la delgada pero poderosa línea que separa el mundo espiritual del terrenal, el velo.

Pronto, la niebla se disipó. No hubo ningún cambio. Los cachorros quedaron bastante desilusionados, pero pronto comenzó a verse movimiento. Los féretros se estaban agitando.

Una de las tapas voló por los aires, en tanto que otra fue atravesada por un puño, desde dentro. Pronto se reincorporaron todos se reincoporaron, y tanto Melena-De-León como Gran-Colmillo avanzaron para hablarles.

- Han sido despertados, - rápidamente dijo Melena-De-León y Gran-Colmillo se echó hacia atrás, para darle la palabra. - para pedirles una vez más que brinden utilidad a los suyos. Han capturado a muchos de los nuestros, particularmente una cachorra muy importante y un anciano muy querido para nosotros, que la estaba custodiando. Nuestros esfuerzos para rescatarlos han sido en vano y muchos ya ha muerto. - Le dirigió una fría mirada a Gran-Colmillo, que comenzó a sangrar de su boca, de tan fuerte que se mordía los labios.

Ojo-De-Moneda, fue el primero y el más rápido en reaccionar.
- ¿Y que hay para nosotros?
Melena-De-León, con el orgullo de ser un cambia formas guerrero, lo miró despectivamente.
- Han muerto todos ustedes de una forma violenta y han sido llevados a deambular por la Tierra de las Sombras. Si deciden ayudarnos, haríamos el ritual necesario para que descansen en paz.
Gran-Colmillo lo interrumpió.
- Y si deciden no hacerlo, por supuesto, lo haríamos de igual manera.
A Melena-De-León se le erizaron los pelos de la nuca, pero mantuvo la compostura.

Ojo-De-Moneda dijo - Yo quiero dinero. Montones de dinero.
- Hecho. - dijo Gran-Colmillo.
- Corazón-De-Piedra y yo, conocida entre ustedes como Piedad, aceptamos hacerlo sólo por ayudar a nuestra sangre. - Piedad le lanzó una mirada fulminante a Ojo-De-Moneda, y recibió a cambio una sonrisa burlona.
- ¿Espítu-Altivo? - preguntó Gran-Colmillo.
- Me disculparán, pero yo me retiraré. Demasiado cansado estoy y demasiados recuerdos poseo de estas tierras para volver tan pronto.
- Yo también opto por descansar. - dijo sencillamente Mano-Dura.



Y así fue, como Ojo-De-Moneda, Corazón-De-Piedra y Piedad comenzaron el inicio del fin.

Los Siete Sellos - Capítulo 1

Capítulo 1

Abatido, vencido, desahuciado... sus largos cabellos revueltos le cubrían la cara. Una figura estaba frente a él. Parado y erguido, le llevaba una cabeza.
- Gracias - le dijo la criatura parada frente a él. Su rostro y sus facciones más predominantes quedaban ocultos entre las sombras, para realzar el efecto de ojos rojos intensos que iluminaban brevemente sus intenciones non sanctas.
- No lo hubieramos sin tí. - continuó. - Me pregunto qué sientes ahora que has condenado a tu raza y sabes que la culpa no es de otro, sino tuya. Absoluta e incuestionablemente tuya.
La figura trató de abrir la boca, pero aun cuando sus heridas no habían sanado completamente, el dolor que le pesaba en el alma era más profunda y más dolorosa que cualquier otra y le impedían mover y reaccionar.
- Lástima que no quieras hablar. Hubiese sido tu última pero, para mí, una muy interesante charla. - Levantó su mano. - Nos veremos cuando *renazcas*.

El filo del metal cruzó con furia el aire. Casi no hubo silbido alguno y no hubo ninguna queja, ningún sonido de dolor. La cabeza del demonio cayó limpiamente y mientras caía su mano largó aquel extraño fuego azul que había estado a punto de quemar al caído. La pequeña explosión iluminó todo el callejón.

Detrás del cuerpo que caía, yacía el cuerpo cano y delgado de un extraño guerrero. Un verdadero guerrero de peto y cota de mallas, en pleno siglo 21. Y a pesar del metal que portaba, no emitía sonido alguno.

Se acercó al cuerpo maltrecho del caído.
- ¿Te encuentras bien? - sus frías manos le tomaron el pulso.
- ¡Déjame inmundo! - retiró bruscamente la mano de entre las de su salvador, y entre sus cabellos revueltos, los ojos le brillaban con furia. - ¡Debería haber muerto! ¡Yo los he traído! ¡Yo! - y rompió a llorar.

El guerrero levantó la cabeza. Otros demonios estaban cerca. Y rápidamente su largo y extenso entrenamiento militar le hicieron tomar decisiones rápidas y decisivas.

- Pensaba hacerlo yo mismo. Pero ésta es tu única oportunidad. - le dio un amuleto - ¿Quieres detener la apertura? ¿Quieres detenerte a tí mismo? Esta es tu oportunidad. Puedes hacer varios viajes. No sé cuantos. Yo los retendré, no te encontrarán. La vida de toda Gaia depende de tí ahora. Vierte un poco de sangre sobre el amuleto. - el guerrero comenzó a sacar colmillos y garras - Y apúrate que no sé cuanto más podré frenar mi Hambre. - se levantó y le dio la espalda.

El caído tomó el amuleto, y como si de él obtuviera fuerzas, rápidamente se levantó y atacó a aquel que lo había salvado. Tomó la forma de un lobo gigantesco y se irguió en dos patas. Un mordisco en el estómago y la sangre comenzó a fluir abundantemente.

El amuleto, bañado de sangre, brillaba intensamente. Lo tomó. Escupió sobre aquél que había sido su salvador y comenzó a desaparecer.

- No importa que hagas, no te culpo, sólo detén esta atrocidad... - tos sanguinolenta...

Aun sin un pedazo de torax, el guerrero se levantó. Su armadura, o lo que quedaba de ella comenzó a brillar y desenfundó su mandoble espectante a los demonios que se acercaban, mientras el hombre lobo desaparecía entre volutas de una nube amarillenta.