martes, 11 de agosto de 2009

El clon

Busco mi imagen en el espejo tratando de encontrarme pero la silueta que me es devuelta carece de los golpes del destino. Es una fría imagen de porcelana que por dentro esta hueca.

Es mi clon.

El clon que mando a la vida cuando no quiero estar en ella. Un ente sin corazón ni remordimientos, sin aspiraciones ni desprecios. Es la imagen vacía de un cuerpo sin alma.

Y mi clon me mira, buscando respuestas que no tengo. Me aúlla con su silencio, me grita con su dolor invisible. Me pide piedad por cosas que no he hecho.

Y lo veo de nuevo y me sigue mirando. Posa su palma sobre la mía. Y trata de repetir mis movimientos, sin entender porque lloro ante su intento de humanidad. El también llora pero es sólo un reflejo, duplicando algo que no sabe lo que es.

Y cuando lo mando fuera, toma la mano de mi amada sin entender qué debe sentir. Y besa su mejilla sin entender el aroma de su piel, ni prestarle atención a la suavidad de sus manos. Y lo odio. Lo odio con toda mi alma por lograr lo que yo no entiendo.

Y con mis golpes contra su superficie, en aquel rincón abandonado donde mi clon ya no me visita, el vidrio se suelta del oxidado clavo y se descuelga de la pared. El espejo golpea contra el suelo y mis esperanzas por volver se reparten en mil pequeños trozos.


Y mi clon se va con ella. Para siempre. Sin poder él, jamás, hacerla realmente feliz.

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