lunes, 16 de enero de 2012

Frío hálito de vida...

En el espacio confinado donde sobrevuelan mis ideas, se me escapa un suspiro desgarrador producto inevitable de mi fantástica e imparable imaginación.

Aunque de imaginación y de fantástico sólo resultó ser mi aseveración.

Y el suspiro, aunque suave, arrasó con todo mi ser dejándome desnudo ante mí mismo frente a un espejo de idiosincrasias crudas y brutales.

Sin poder voltear mi rostro a otras realidades, tuve que aceptar mi condición de ser humano. Ya no había vuelta atrás.

El camino bajo mis pies yacía inerte, y la puerta que crucé era ya un portal imposible de volver a cruzar. La luz intensa, las tenazas que me sostenían no me permitían volver.

Cual presa indefensa me atraparon.
Y la cruda realidad me golpeó duramente.
El frío hálito de vida se me hizo presente.
Como un shock de delirios inesperados,
sacudió todo mi pequeño cuerpo, exaltado.

Las miradas de regocijo morboso me rodearon. Parecía un club de degenerados cuya tortura infalible era mantenerme prisionero de sus garras maléficas.

Pero tuve que rendirme ante lo inevitable. Debería aprender su idioma. Debería aprender sus modos.

Y la resignación se presentó ante mí como un hombre trajeado. Lidié con él unos minutos, pero no tuve mayor opción...

Después de todo, sólo había nacido hacía un par de minutos.

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