Una y otra vez mi mente se cierra
Mis ojos se cierran...
Mi corazón se cierra.
Miro a mi alrededor, solo caras que no miran lo que tienen derededor.
Solo pocos admiten lo que es imparable.
Y yo, me escondo en la inmensidad del pasado, que me envuelve en tiras de terciopelo negro, para no dejarme salir ni siquiera a tomar un poco de aire fresco.
El cuero nuevo del asiento de mi auto me espera. El motor ruge y ya no puedo más. Quién, de todos, será capaz de retomar mi carga?
Limpio el cuchillo en mis jeans y la sangre nueva se confunde con la sangre vieja.
Un condenado, pienso yo de mí mismo, al tener que cargar con la pena de mi mismo. ¿Autocompasión? tal vez, pero el que lo diga tendrá una nueva sonrisa por debajo de su mandíbula.
Porque si no soy un condenado, sólo soy un chiflado, que degüella sin razón. Yo soy más que eso, soy mucho más que eso.
Los ojos vacíos del recepcionista me miran y la mueca que lo acompaña me hace sentir escalosfríos, así que lo pateo una y otra vez, hasta que finalmente levanto la vista y me encuentro con un espejo.
Y me miro a mi mismo.
Que descaro, observarme a mí, directo a los ojos.
Veo los arañazos de la hija del dueño del hotel. El escupitajo del novio o marido. Saco uno de sus dedos de su bolsillo. Definitivamente marido o amante.
Irremediablemente, mi vista vuelve al espejo. Esa figura desconocida es tan denigrante. Como si supiera algo que no lo sé. ¿Por qué está sonriente? ¿Yo estoy sonriente? doy un paso para atemorizarlo, pero él también lo hace. Yo lo hago. Le falta algo. A mi me falta algo. Noto que en su rostro le falta la felicidad que otorgo tan desinteresadamente. Sé que su risa es falsa, que esconde su malignidad por lo enfermo y tímido que es.
Tomo el cuchillo lentamente, para que no se asuste cuando lo vea, y al mismo tiempo noto que estoy haciendo algo, yo mismo, a través del vidrio.
En un instante certero y fugaz, nuestras hojas se cruzan, rompiendo la magia del cristal. Y allí me veo en mi completitud. Pedazos de mí mismo, sonrientes sin estarlo. Buscando, tal vez, desesperadamente, una excusa para ser feliz. Pero no voy a preguntarle; no corresponde.
Quiero darles una sonrisa. Una sonrisa bella, bella y permanente. Tomo el cuchillo, y de oreja a oreja hago el tajo más permanente y rápido que pueda hacer.
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2 comentarios:
ME ENCANTÓ !! ES TUYO ??
BESOS...
sip
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