viernes, 20 de julio de 2007

Volvamos al gris...

Todavía no sé si debo salir al mundo, o entrar en él. Las palabras me mortifican, me atrofian.
Ya no sé que decir, ni que hacer.

La sola definición de mis acciones, las aplasta y ya no son mías. Sólo son letras. Y por eso, sólo quiero hacer, no hablar. Y entonces me doy cuenta. Las palabras nos limitan.

Las palabras nos limitan a la definición propia de ellas. Extender un músculo, ¿es sólo extender un músculo? ¿hay sensaciones de placer al extender el músculo? ¿será una cuestión de superación ante una rehabilitación?

Las palabras nos limitan.
Nos dicen una idea general. Nos dan un libro en blanco y negro para colorear.

Las palabras nos limitan.
Nos limitan a expresarnos con ellas, se nos hace dificil el expresar una emoción, sin decir una referencia a otra emoción.

Las palabras nos limitan.
"Estoy nervioso", no significa sólo que estoy nervioso. Significa que tal vez, todo tenga un significado más profundo que quizás no quiero ver.

Las palabras nos limitan.
Las palabras nos limitan.
Me limitan a decir "te quiero", y que sólo entiendas una parte de lo que quiero decir.
Me limitan a decir "te deseo", y que no entiendas que necesito darte el mundo con un pequeño moño de regalo.
Me limitan a decir "te extraño".
Me limitan a decir "te sueño".
Me limitan a decir "te amo", y que sólo entiendas una parte de lo que quiero decir.


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Y yo estoy aquí. Encarcelado por mis propias palabras. Limitado por no querer expresarlas y ser un mero esclavo de todas ellas...

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