viernes, 20 de julio de 2007

Un poco de mí o de nada

Un nuevo principio.
Un nuevo fin.
El mundo se despliega a mis pies, y yo, descalzo.

El viento de la noche me arrebata mi ultimo suspiro pero no me dejo llevar. Y allí quedo. Tendido. Rendido ante las fuerzas de la naturaleza. Hundido en lo más profundo de mis sentimientos.

El dolor se hace tangible. Pero lo venzo. El amor se hace físico, y me rehuye con un duelo de miradas. El odio trata de vencerme, pero es batido por mi apatía. El miedo se aleja corriendo, y dentro de mi, nada.

Un vacío inconmensurable. Estelas de lo que fui surcan el vasto territorio. Pero sigo ahí, tendido. Sin saber que hacer. O sabiéndolo, pero yo aun dormido.

No se que esperar. El mundo es mío, el universo es mío, y no sé que hacer con él.
Tantas posibilidades, y tan poca imaginación.

Y dentro de mi ese vacío. Vacío vacío y no un vacío lleno de incertidumbres... un vacío completamente vacío. Un vacío que no está lleno ni de dudas, ni de arrepentimientos, ni de tristezas, ni de alegrías. Simplemente está vacío.

Tengo un dejo de algo, un sabor amargo, que no me deja vivir. Ni morir. Es una especie de dolor, de angustia.

Es el saber de quien ha perdido, cuando todavía no empieza el juego. O de aquel que se encuentra solo en la gloria. Y no sé que hacer.

A mi paso, la tierra se cierra, el universo se cierra. Y mi alma que vaga por ahí, me ha dejado...

Y grito una vez más: ¡quiero ser uno conmigo mismo! Y el espejo de la realidad se ha comido mi reflejo.

He perdido mi identidad.

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