Capítulo 3
- Entonces, ¿por qué es tan importante nuestra presencia o nuestro accionar?. Habiendo conocido la fuerza y rapidez de un hombre lobo, demás está decir que desconfío de esta tarea. Si hasta los suyos fallaron, ¿cómo pueden estar seguros que nosotros triunfaremos? - dicho esto, Corazón-De-Piedra miró con desconfianza a sus compañeros - No somos grandes guerreros, y mucho menos tenemos la rapidez necesaria en nuestro estado actual - miró sus piernas muertas mientras las golpeaba suavemente - y no siento absolutamente nada.
- Ahí radica su poder. Nosotros - Gran-Colmillo observó hacia su tribu - poseemos nuestro límite. El dolor nos afecta. Es cierto, nos curamos rápido, pero por alguna razón nadie a salido de allí y ha vivido para contarlo. La única información que tenemos, es que el depósito donde están nuestros compañeros puede ser una subsidiaria de nuestro enemigo más terrible, los humanos. Parecerá...
- ¿Vamos a enfrentarnos a humanos? - interrumpió Piedad - No voy a luchar contra los de mi misma especie, esté yo muerta o no.
Gran-Colmillo la observó orgulloso - No esperaba menos de tí. Llevabas mi sangre con honor, y ahora portas su espíritu. No son los humanos que trabajan allí, humanos normales. Es cierto, hay algunos que no saben para quienes trabajan, pero los que sí lo saben, abrazan fuertemente los extraños poderes que se les brinda y sin darse cuenta, terminan corruptos de la forma más terrible.
- No entiendo. - dijo Ojo-De-Moneda.
Piedad y Corazón-De-Piedra no dijeron nada, pero esperaban la explicación ansiosos.
- El Wyrm, la corrupción, es lo que enferma a Madre Gaia. Quizás ustedes conozcan su pus: desperdicios tóxicos volcados *accidentalmente* sobre un campo, por ejemplo. Pero el Wyrm posee esbirros mucho más poderosos. Espíritus potentes, llamadas Perdiciones, o los Fomori, que son humanos tan corruptos por los poderes del Wyrm, que sufren las mutaciones más horrendas. Todos los Fomori están condenados a morir. Todos. Y lo saben. Cambian una vida larga por una muy corta con poderes especiales. Claro, para cuando sobreviven, si lo hacen, sólo les quedan días, semanas o incluso meses. Raramente llegan al año. Además, son usados como peones, y las misiones que se les imponen... digamos que no suelen salir vivos de ellas. Es por todo esto que les decía que en este depósito, es muy poco probable que se enfrenten a humanos *normales*. No los subestimen. Serán débiles al recibir daño, pero son poderosos al atacar. Y nunca, nunca, están solos. Pero volviendo a vuestro caso, al ignorar el dolor, ustedes pueden triunfar donde nosotros no lo hemos logrado. Tengo entendido que si bajan con cuidado los dispositivos que se encuentran allí no los detectarán. Y nosotros... por lo general no vamos con demasiadas sutilezas, si comprenden lo que quiero decir.
- Hablaste de un depósito - dijo Corazón-De-Piedra - ¿a qué haces referencia exactamente?.
- La primer manada que mandamos a buscar a Pequeña-Cachorra y a Sarna-Antigua, nos informó que los habían rastreado hasta un depósito de alimentos para mascotas. Luego, nunca más se supo de ellos. Manada tras manada enviamos. Cinco de ellas hemos perdido. Algunos de los nuestros, acostumbrados ya a vivir con la tecnología, nos han dicho que han perdido el rastro, observándolos mediante aparatos que miden el calor.
- Termografía - murmuró Ojo-De-Moneda - ¿Podremos pedirle a ese hombre lobo que nos facilite herramientas y armas?
- Hablaré con él inmediatamente.
- Una cosa más - dijo Piedad - Me gustaría que llamen a los espíritus para que bendigan nuestra misión.
- Será hecho sin demora antes que ustedes partan. ¿Alguna cosa más?
Los tres se miraron entre sí. No sabían dónde iban a ir. Dónde se hallaba su destino ni los peligros que les acechaban. Tomaron nota del depósito y luego de la bendición de los espíritus, fueron a armarse. Secretamente, sólo el recuerdo de un destierro en las Tierras Sombrías los motivaba lo suficiente para seguir adelante.
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